Dos años de reinvención

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sábado, 20 de septiembre de 2014

El más allá nórdico: ¿espera o desesperanza?

Si, en comparación con las religiones monoteístas posteriores, los dioses griegos nos parecen cercanos, de características similares a los seres humanos, las deidades de la mitología nórdica todavía lo son más. Mientras las divinidades de la Antigua Grecia, a pesar de no estar carentes de defectos, no podían morir, los pueblos escandinavos creían en unos dioses que, mortales, podían ser derrotados y desaparecer de la faz del mundo.

Los enemigos acechan, mientras los dioses permanecen en su hogar, Asgard, tan distinto a los demás cielos que la humanidad jamás ha soñado. No hay esperanza de vida eterna, ni luz, ni felicidad. No cabe esperanza, aparentemente, en un lugar en el que aquellos que nos protegen desde las alturas pueden dejar de hacerlo en cualquier momento. Ni siquiera el Bien asegura alzarse por encima del Mal. Las fuerzas divinas no son capaces de contener lo inevitable; mas las deidades jamás dejarán de combatir, resistirán en primera línea de batalla hasta el último instante.

Hay muchas razones para alzar la vista al horizonte. Siempre que lo hacemos esperamos algo: una estrella fugaz, un Dios que nos responda o una razón para seguir vivos. El más allá desconocido nos deja indefensos ante una realidad incomprensible. No obstante, los nórdicos preferían no rendirse ante lo inalcanzable, sino creer en unas divinidades "humanas", aunque en ocasiones esta cualidad se nos presente como un antónimo. Siempre andamos buscando respuesta al más allá, pero estos pueblos prefirieron convertirlo en un "más acá", aquel que le sirva de aliento para andar, luchar y nunca dejarse vencer ante la más aguda de las debilidades.