Dos años de reinvención

Dos años de reinvención
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miércoles, 30 de mayo de 2012

Bailar pegados no es bailar

Mientras sostenía su pálida y fina mano me fui acercando y comencé a bailar con ella. No soy un experto en esto, ni mucho menos. Como mucho sé un poco de merengue y de bachata, pero nada del otro mundo. No sé vals, ni tangos, ni cualquier otro baile de salón, en definitiva, no sé bailar.

Pero con ella era diferente. Todas las tardes, colocaba la palma de mi mano sobre su delicada espalda, mientras sostenía sus dedos y, por arte magia, comenzábamos a bailar, natural y espontáneamente. El único detalle incómodo es que parecía que ella quería guardar la compostura porque su cuerpo se situaba a unos centímetros de distancia del mío, nunca llegaba a rozarlo. Pero no me importaba porque en cierta parte era una ventaja: podía bailar sin opresión de ningún tipo.

Era una rutina, nunca parábamos de dar vueltas. Fue una relación bastante especial, una de las más maravillosas de mi vida. Cada vez, ella depositaba más confianza en mí: me agarraba más fuerte y se acercaba más a mi cuerpo, a mi corazón, que palpitaba a un ritmo desenfrenado, nada que ver con el son de esa canción.


Un día, llegué a sentir bastante opresión. Tan pegada a mi cuerpo y con tanta agresividad me agarraba la cintura que yo no podía concentrarme en los pasos. Me faltaba la respiración. Decidí tropezar. Me caí y toda la magia de aquel baile desapareció. Ella se marchó, indignada, y no volví a tener noticias de su existencia. Desde ese día, para mí, bailar pegados no es bailar y es que, desde un principio sabía que lo que me gustaba era el aerobic o el country.

martes, 29 de mayo de 2012

La vida a cuestas

Hace unos meses fui al médico. Por aquel entonces tenía un tremendo dolor de espalda y cada día mis familiares y amigos decían que la tenía más encorvada. Me asusté cuando me dijeron que tenía chepa y, al ver la gravedad del asunto, decidí ir al doctor. Fue sorprendente ya que, según el licenciado, fisiológicamente no poseía ningún problema aparente. Seguramente pensaría que estaba loco, pero yo no era el único que advertía aquel problema dorsal, sino también mis más allegados. Decidí dejarlo pasar.

No transcurrió mucho tiempo hasta que comencé a notar otro problema. Parecía como si tuviera amarrado algo a los tobillos porque se me cargaban los gemelos continuamente. Recurrí a mi profesora de Educación Física y me aconsejó que corriera diariamente porque, quizás, estaba en baja forma física. Seguí instrucciones pero aquello no tenía solución, el dolor era cada vez más intenso. Para colmo, mi espalda estaba cada día más curvada.

Pasé días llorando ante tanta enfermedad y ningún remedio. No obstante, un día me di cuenta que llorar no servía para nada, no iba a curar aquella malformación ni me iba a convertir en un chico esbelto.

Conviví con aquello hasta que un día me atreví a mirar. Tuve el valor de tocarme aquella espalda corrompida y así comprender que tal vez llevaba demasiado peso a cuestas. Tuve el valor de girar la cabeza y observar que mi gemelo estaba amarrado a una cadena que a su vez estaba unida a más eslabones y continuaba hacia el infinito.

Actué de raíz: deseché todo aquel peso inservible e incómodo y me desprendí de aquella cadena que me unía a algo situado detrás de mí, muy lejos. Desde ese día, mi espalda se recuperó y mis gemelos recuperaron su forma física. Hacía tiempo que no me sentía tan sano, tan vital.

lunes, 28 de mayo de 2012

Lucha inacabada

Sucesos que hicieron llorar a nuestros abuelos, a nuestros padres. Sucesos a los que se enfrentaron con rabia, fuego en la mirada y un par de los grandes. Sucesos que marcaron un antes y un después en sus vidas y que jamás se difuminarán de su imborrable memoria. Sucesos por los que lucharon para conseguir un mañana mejor, para ellos, sus hijos y unas futuras y aún no perceptibles generaciones.

Cuando se derritió el telón de acero
en un horno capitalista.
Cuando saltaron la valla
de Berlín prohibida.
Cuando la guerra cobró
mil almas perdidas.
Cuando Franco cantó
mientras cara al sol
dirigía un saludo fascista.
Cuando alguien gritó
democracia a la vista.

Sería detestable que tras tanta lucha sin descanso por libertades y derechos, vengan acá unos y nos arrebaten todo, porque unos ignorantes y demagogos que desfilaron antes no supieron hacer nada a derechas. Culpables unos y otros, inútiles ambos también. Luchemos por todo lo que lucharon y quieren quitarnos. Luchemos por eso, por ese recuerdo. El recuerdo del progreso.


Puerta a futuras reflexiones

Una puerta se me abre. A ti también por supuesto. Una puerta que te acercará a mí, a ese autor anónimo que no conoces ni te interesa lo más mínimo saber quién es. Una puerta que te introducirá en mis reflexiones, valoraciones, sensaciones. Una puerta tan amplia como es Internet, pero tan íntima y personal como este blog. Disfrutadlo.