Dos años de reinvención

Dos años de reinvención
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viernes, 15 de mayo de 2015

Literatura, un arte conflictivo (II): Conflictos modernos


CONFLICTOS MODERNOS

HOMBRE VS. SOCIEDAD

EUGENIA: Esas lecciones, a las que mi corazón ayuda, me halagan demasiado para que mi espíritu las rechace.
SRA. DE SAINT-ANGE: Están en la naturaleza, Eugenia: basta para demostrarlo la aprobación que les das; apenas brotado de su seno, ¿cómo podría ser lo que sientes fruto de la corrupción?
EUGENIA: Pero si todos los errores que preconizáis están en la naturaleza, ¿por qué se oponen a ello las leyes?
DOLMANCÉ: Porque las leyes no están hechas para lo particular, sino para lo general, lo cual las pone en perpetua contradicción con el interés, dado que el interés personal está enfrentado siempre al interés general. Mas las leyes, buenas para la sociedad, son muy malas para el individuo que la compone; porque para una vez que lo protegen o le ofrecen garantías, lo molestan y lo atan las tres cuartas partes de su vida; por eso el hombre sabio y lleno de desprecio hacia ellas las tolera, como hace con las serpientes y las víboras que, aunque hieren o envenenan, sirven sin embargo a veces en medicina; se protegerá de las leyes como lo hará de estas bestias venenosas; se pondrá a cubierto mediante precauciones, mediante misterios, cosas fáciles para la sabiduría y la prudencia. ¡Ojalá la fantasía de algunos crímenes inflame vuestra alma, Eugenia! ¡Pero estad bien segura de cometerlos sin temor, con vuestra amiga y conmigo!
EUGENIA: ¡Ay, esa fantasía está ya en mi corazón!
SRA. DE SAINT-ANGE: ¿Qué capricho te habita, Eugenia? Dínoslo en confianza.
EUGENIA, extraviada: Quisiera una víctima.
SRA. DE SAINT-ANGE: ¿Y de qué sexo la deseas?
EUGENIA: ¡Del mío!
DOLMANCÉ: Y bien, señora, ¿estáis contenta con vuestra alumna? Sus progresos, ¿son suficientemente rápidos? 

Marqués de Sade, La filosofía en el tocador



HOMBRE VS. ÉL MISMO

Entonces, se lo ruego, cuénteme lo que sucedió una noche en los muelles del Sena y cómo logró no arriesgar nunca su vida. Pronuncie usted mismo las palabras que desde hace años no han dejado de resonar en mis noches, y que al fin yo diré por boca suya: ‘¡Oh muchacha! ¡Arrójate otra vez al agua para que yo disponga de una segunda oportunidad de salvarnos a ambos! ¡Una segunda oportunidad, ¿eh? ¡Qué imprudencia! Suponga, querido colega, que le tomo la palabra. Habría que pasar a los hechos. ¡Brrr…! ¡Qué fría debe estar el agua! Pero tranquilicémonos. Es demasiado tarde, siempre será demasiado tarde. ¡Afortunadamente!

Camus, A., La caída



HOMBRE VS. NO-DIOS

Digamos que te alejas definitivamente
hacia el pozo de olvido que prefieres,
pero la mejor parte de tu espacio,
en realidad la única constante de tu espacio,

quedará para siempre en mí, doliente,
persuadida, frustrada, silenciosa,
quedará en mí tu corazón inerte y sustancial,
tu corazón de una promesa única
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.
Después de ese dolor redondo y eficaz,
pacientemente agrio, de invencible ternura,
ya no importa que use tu insoportable ausencia
ni que me atreva a preguntar si cabes
como siempre en una palabra.
Lo cierto es que ahora ya no estás en mi noche
desgarradoramente idéntica a las otras
que repetí buscándote, rodeándote.
Hay solamente un eco irremediable
de mi voz como niño, esa que no sabía.
Ahora que miedo inútil, qué vergüenza
no tener oración para morder,
no tener fe para clavar las uñas,
no tener nada más que la noche,
saber que Dios se muere, se resbala,
que Dios retrocede con los brazos cerrados,
con los labios cerrados, con la niebla,
como un campanario atrozmente en ruinas
que desandara siglos de ceniza.
Es tarde. Sin embargo yo daría
todos los juramentos y las lluvias,
las paredes con insultos y mimos,
las ventanas de invierno, el mar a veces,
por no tener tu corazón en mí,
tu corazón inevitable y doloroso
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.

Benedetti, M., "Ausencia de Dios"

martes, 12 de mayo de 2015

Una salida sin callejón


El viandante se refugió entre mantas, copas de vino, sentado siempre frente al fuego. Ante la ventisca, dejó de transitar las callejas y plazoletas de su ciudad. Esperó a que amainara, pero todavía sigue encerrado. Encerrado a cal y canto, infierno sartriano: no desea ver a los demás. No necesita mundo cruel ni otros individuos que lo completen. Solo, está mejor solo.

Mira por el ventanal de su salón. El esperado cambio, la transición hacia un mundo mejor, parece haberse quedado en un mero destello. El viento continúa empujando a los valientes que caminan a contracorriente. "Valentía para los ilusos", piensa, mecido por el calor de la hoguera. Mira a través del cristal de nuevo y descubre lo mismo que dejó hace tiempo: el recuerdo sigue relegado al olvido, el tiempo avanza a una velocidad vertiginosa, el espíritu democrático que propugnaba Spinoza sigue sin inundar nuestras vidas. Occidente sobrevive en decadencia, las eternas cuestiones del hombre todavía nos atormentan, el sistema educativo acumula más fracasos.

"¿Y para qué salir? ¿Y por qué no abortar una misión suicida, abocada al fracaso?", se pregunta el hombre. "¿De qué nos sirve renunciar a nuestros sueños?", le desafía hoy mi yo. Hasta ahora tan solo me he dedicado a capturar los males que salieron de la caja de Pandora, a retratarlos y a condenarlos. Debilitado, abandoné una labor sepultadora.

Allá fuera la ventisca prosigue y arrastra todos los primigenios males de la humanidad -si tal simplicidad fuera posible-. Sin embargo, seguimos siendo dueños de la caja y, tal y como narra el mito griego, en su fondo nos queda la esperanza. Tenemos la fuerza, la voz, la colectividad que hace falta para dar con una solución favorable. El mundo nos presenta un callejón sin salida. Adentrémonos, pues, por las anchas sendas del renacimiento del ser humano. Propongamos una alternativa, una salida amplia, y olvidémonos del angosto callejón.

lunes, 5 de enero de 2015

Literatura, un arte conflictivo (I): Conflictos clásicos


CONFLICTOS CLÁSICOS

HOMBRE VS. NATURALEZA

       Las aguas que le rodeaban se iban hinchando en amplios círculos; luego se levantaron raudas, como si se deslizaran de una montaña de hielo sumergida que emergiera rápidamente a la superficie. Se intuía un rumor sordo, un zumbido subterráneo...Todos contuvieron el aliento al surgir oblicuamente de las aguas una mole enorme, que llevaba encima cabos enmarañados, arpones y lanzas. Se elevó un instante en la atmósfera irisada, como envuelta en una grasa de finísima textura, y volvió a sumergirse en el océano. Las aguas, lanzadas a treinta pies de altura, fulgieron como enjambres de surtidores, para caer luego en una vorágine que circuía el cuerpo marmóreo de la ballena.

Herman Melville, Moby Dick


HOMBRE VS. HOMBRE

     - Compañero Roldán, ¡tañed el olifante! Lo oirá Carlos y hará que regrese la hueste; el rey y sus barones nos socorrerán.
     Respondió Roldán:
     - No quiera Dios que por mi causa sean afrentados mis parientes, ni que la dulce Francia caiga en la vileza. Por el contrario daré muchos golpes con Durandarte, mi buena espada que llevo ceñida al costado; veréis la hoja completamente ensangrentada. Para su desgracia se reunieron los traidores paganos; os juro que morirán.
     - Compañero Roldán, ¡tañed vuestro olifante! Lo oirá Carlos que está atravesando los puertos; os aseguro que los francos regresarán.
     - ¡No quiera Dios que jamás nadie pueda decir que por los paganos hice sonar el cuerno! — le responde Roldán —; mis parientes no serán reprochados por ello. Cuando esté en la gran batalla asestaré mil setecientos golpes y veréis el acero ensangrentado de Durandarte. Los franceses son buenos guerreros y lucharán con valor, y los de España no tendrán quién los salve de la muerte.

Cantar de Roldán (Francia)



HOMBRE VS. DIOS

Pero Dios el Señor llamó al hombre y le preguntó:
–¿Dónde estás?
El hombre contestó:
–Oí que andabas por el jardín, y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí.
Entonces Dios le preguntó:
–¿Y quién te ha dicho que estás desnudo? ¿Acaso has comido del fruto del árbol del que te dije que no comieras?
El hombre contestó:
–La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto, y yo lo comí.
Entonces Dios el Señor preguntó a la mujer:
–¿Por qué lo hiciste?
Ella respondió:
–La serpiente me engañó y por eso comí del fruto.
Entonces Dios el Señor dijo a la serpiente:
–Por esto que has hecho, maldita serás entre todos los demás animales. De hoy en adelante andarás arrastrándote, y comerás tierra. Haré que tú y la mujer seáis enemigas, lo mismo que tu descendencia y su descendencia. Su descendencia te aplastará la cabeza, y tú le morderás el talón.
A la mujer le dijo:
–Aumentaré tus dolores cuando tengas hijos, y con dolor los darás a luz. Pero tu deseo te llevará a tu marido, y él tendrá autoridad sobre ti.
Al hombre le dijo:
–Como hiciste caso a tu mujer y comiste del fruto del árbol del que te dije que no comieras, ahora la tierra va a estar bajo maldición por tu culpa; con duro trabajo le harás producir tu alimento durante toda tu vida. La tierra te dará espinos y cardos, y tendrás que comer plantas silvestres. Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste formado, pues tierra eres y en tierra te convertirás.

Génesis, La Biblia

lunes, 29 de diciembre de 2014

2014: el paradigma de las 12 experiencias

12
Una noche de desenfreno acaba sumida en un sangriento amanecer. Sangriento y doloroso, era convite de una cuenta atrás, esclavo de un tic tac de velocidad alarmante. No sería, sin embargo, una predicción maya catastrófica -eso quedó atrás hace dos años-, pero sí se presentaba ante mí un año de cambios, de abundantes signos de puntuación. Interrogación, punto y seguido, punto y aparte, exclamación. Orgulloso, a día de hoy puedo afirmar que nada ha significado un punto y final.

11
El amor no se cuantifica en medidas temporales, ni siquiera en parámetros de intensidad. Un te quiero mucho no pesa más que un te quiero a secas, ni un y yo más tiene herramientas adicionales para combatir. Únicamente hay sensaciones, sinceras y compartidas. Me alegré, pues, no solo de que un primero de febrero el Sol despertara y yo estuviera a tu lado, sino de la evolución de un sentimiento en activo. Evolución -matizo- no en términos matemáticos, sino humanos. Porque el amor, ese cúmulo de experiencias tanto intensas como pasivas que jamás podrán ser reducidas a una sola, es claro fruto -cada día estoy más convencido- de nuestra humanidad. El amor y también el arte, que, aplicado a nuestro caso, vienen a desembocar al mismo mar.

10
El materialismo desapareció al verme rodeados de todos ellos. No importan los regalos, ni el dinero, ni la cena, ni la otra noche de desenfreno que vendría después. Al calor de la hoguera de sus almas, el frío y el mecanicismo del mundo daba igual. Y no quedan fotos que justifiquen lo que sentí, ni cifras -ni siquiera los propios 18- que contabilicen el amor que sentí hacia ellos. Amor, por fortuna volvemos a encontrarnos. Amanecer sangriento, contigo, desgraciadamente, también me he topado. Sensaciones de naturaleza idéntica, experimentadas de distinto modo. ¡Qué cíclico transitar!

9
Signos de interrogación. En este pasaje turbio numerosas son las cuestiones planteadas. ¿Por qué? ¿Y por qué en este preciso instante? ¿Qué? ¿Qué ha cambiado en mí? ¿Quién? ¿Quién me llevó al desastre del replanteamiento? O más bien, ¿quién soy? ¿Y qué espero de mí? Presión externa, que más bien viene de dentro; fuerza ejercida por la cruenta batalla entre el deber y el querer, entre la mente y el corazón. ¡No quiero decidir! ¡Qué condena la de ser libre! ¡Ay, Sartre, tenías razón! Tan solo quise dejarme llevar por el caudal del río.

8
Me acordé, entonces, de una de las películas de dibujos animados que más me gustaban de pequeño. "Ohana significa familia" era una de las citas más célebres de aquella obra de ficción, que, a mi temprana edad, era incapaz de comprender. Años más tarde, justamente ese día, comprendí lo que significaba ohana. Ohana era un tesoro valioso, ohana significa querer, ohana conformó un apoyo. Ohana se presentaba ante mí como un regalo. A pesar de las adversidades, de las indecisiones, del olvido y del desgastamiento, supe que ohana siempre tendría un hueco en mi diccionario personal. Y di gracias por, al fin, haberlo comprendido.

7
El mundo que crece alrededor y camina a tu lado día a día pasa, en ocasiones, desapercibido. Era en aquel momento yo, y no solo académicamente, gracias a ellos. Y lo sigo siendo. Nunca sabré colmarlos de suficientes agradecimientos. Los conocimientos son minucias al lado de la inteligencia emocional que, sin darme prácticamente cuenta, me incitasteis a desarrollar. Se crearon lazos indestructibles y cimientos que ninguna bola de demolición podrá nunca derribar. Gracias, pues, al Instituto Herminio Almendros, ese ente formado por todos aquellos que me apoyasteis en todo momento y me invitasteis a saltar. No era un precipicio tan profundo, al fin y al cabo. Y aún lo fue menos cuando os ofrecisteis a saltar conmigo.

6
El tren llegaba a las últimas paradas. Sonaba la sirena. No sé si estaba preparado. A pesar de ello, bajé, dispuesto a emprender otro trayecto, aunque siempre con billete de vuelta. Siempre en mi bolsillo, siempre.

5
Increíble. No admite otro calificativo. Los esfuerzos, la pasión y la entrega veían la luz. También se asomaban los miedos. ¿Soy merecedor de ser uno de los cincuenta afortunados? ¿Qué habían visto en mí? Seguro que el resto de talentos me cegarían. Pequeña estrella parecía ser yo, nada más que un rincón apartado de la Vieja Europa que en aquel viaje iba a descubrir.

4
No fue un viaje. No fue tan solo un viaje. Dejamos al Coliseo atrás, a la Torre Eiffel apagada, al Big Ben dar la hora sin prestarle la más mínima atención. Adoramos, por el contrario, lo que el ser humano escondía, admiramos el conocimiento compartido, dimos -o al menos eso pareció- un soplo de aire fresco a nuestro alrededor. Era el inicio de la enredadera en la que se iba a convertir mi vida. "Complícate la vida", alguien gritó. Ojalá siempre esté presente en mí esta agradable y reconfortante complicación.

3
Como buena revolución, aquella experiencia trastocó todas las evidencias de mi vida. Los axiomas dejaron de serlo y, al tambalearse parte de la estructura, el edificio que soy yo también se reconstruyó. Parecía que atrás iba a quedar una sucesión de historias y de protagonistas, pero finalmente un proyecto conjunto se abrió camino. Y sucedió. Tan solo sucedió.

2
Amaneció tal y como aquel 1 de enero de 2014 predije. Sorprendentemente no sangró. Nada más decía hasta pronto a la ciudad que me vio nacer, a mi familia, a mi pareja, a mis amigos. A mí, en cambio, me saludé. No iba ni siquiera a despedirme temporalmente de lo que había sido, sino que todavía me abracé más. La Alhambra se alzaba en el horizonte, mi pasión por las letras se iba a vivificar y gente sorprendente se iba a cruzar en mi camino. No podía estar más feliz con mi pasado, mi presente y lo que a partir de entonces iba a suceder.

1
Amaneció -repito- tal y como aquel 1 de enero de 2014 predije. Pero, evidentemente, no sangró. Confío en mí mismo y en todas las personas a las que quiero con locura y que no me han dejado de lado. El ahora es mi momento. Intentemos, pues, aprovechar el mediodía.

...

POR UN 2015 DE CRECIMIENTO, DE SONRISAS Y SORPRESAS Y DE CAMBIOS.
POR UN 2015 A VUESTRO LADO



sábado, 13 de diciembre de 2014

Diario de un universitario (II): (Triste) Pensamiento colectivo sobre la educación

Sí, estoy harto de oír que el sistema educativo español es una basura, de que me recuerden que cualquier finlandés me supera en inteligencia y de que me repitan sin cesar que estoy a la cola en educación entre una larga lista de países según un estudio muy fiable y objetivo. Ya sé que soy un ceporro, que no valgo para nada y que mi futuro es completamente negro. Vamos, si yo tuviera que elegir entre un español y un no-español para un cargo público, elegiría sin dudarlo al primero. Ni de lejos el de mi país va a estar tan preparado ni va a ser tan eficiente ni tan listo como el extranjero.

De hecho, no sé para qué estudio. ¿Qué más dará mis esfuerzos si el sistema no funciona? Muchos conocimientos inútiles, poca aplicación en la vida real. ¿Cómo voy a encontrar empleo? Señores, que no sé cómo funciona la vida, que yo solo te sé decir un listado de obras de Lope de Vega y recitarte la tabla periódica de principio a fin. Pero no me pida nada más, oiga, que de ahí no paso, que mi educación no me ha dado la oportunidad de saber más. La culpa es del Gobierno, del sistema educativo y de España; yo me desentiendo. Hasta donde yo sé (poco, vamos) no es mi fallo, no tengo nada que ver en este embrollo.

Además, queridos amigos, esto no es cosa de dos días. A España poco le ha interesado la formación de los ciudadanos. En nuestro país nunca ha habido nadie importante. Bueno, Cervantes, pero ese era un fiera. Y Picasso también, pero lo del Guernica fue gracias a que había entonces una guerra, que si no nada de nada. Científicos, ¡ni uno que destaque! Vale, está Ramón y Cajal, pero pocos más. Lo que iba diciendo: que en nuestro país no ha habido nunca nadie relevante, ni yo tampoco lo seré porque de educación no se han preocupado los altos cargos. Si no están pendientes ellos, ¿lo voy a estar yo? Obviamente no. Ese tema no me concierne.

La estructura educativa es mi límite. No me pidas que yo busque una manera de explotar mi talento. Mi responsabilidad es solo beber de lo que la educación me da. Yo no tengo por qué ir buscando o actuando. ¡Faltaría más! Que mis conocimientos y habilidades vengan a mí a través del ministro de turno, paso de complicarme la vida. Yo he venido aquí solo para quejarme de que mi sistema educativo no me ofrece nada y que yo no puedo crecer si no es gracias a él.

¿Leer? Lo que me manden: si no conozco el Quijote culpa mía no es. ¿Hablar en un idioma extranjero? ¡Si en inglés nos dan mucha gramática y poca expresión oral! No hay manera de que los españoles nos comuniquemos en inglés ¿Adoptar un espíritu crítico? Ni mi sistema educativo me lo ofrece ni tampoco lo necesito. U-TI-LI-DAD: más saberes prácticos y menos abstracciones filosóficas. La reflexión no me va a dar de comer.

Lo que decía: una bazofia de país. Aquí no hay nadie, ningún talento universitario, que valga la pena. Ni dos perras gordas daría por gente con una formación tan deficiente como la nuestra. Me da igual que se hayan buscado las mañas para explotar su valor. Lo que queda fuera del sistema educativo no cuenta. Es tan solo pura anécdota.

Fdo. Una colectividad que no cree en los jóvenes que no se autolimitan y que buscan complicarse, a pesar de las adversidades, aún más la vida.


La muerte de Sócrates, Jacques-Louis David

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Diario de un universitario (I): Manual para dejar de ser universitarios

<< Decía Canetti: "Era un monte y estalló. Era un árbol y cayó a tierra. Era un león y se acobardó". Perversiones del monte que pierde su firmeza, del árbol que abandona el mandato de sus raíces, del león que traiciona el orden de la jungla. Podríamos añadir nosotros: "Era un universitario y le bastó su rincón".
Perversiones de quien no se atreve a pensar en nombre del mundo. Encerrado en su pequeña porción de saber, de responsabilidad, de duda. Ensimismado en la falsa certeza de una herramienta sin alma, de un territorio cercado, de un tiempo enclaustrado. En un rincón, atento a sí mismo, vestido de su imitada destreza, ajeno al universo. Eran un monte, un árbol, un león que dejaron de serlo. ¿Vamos a dejar de ser universitarios?
La lógica mercantil es torpe como una veleta fija y no conoce más camino que el del mercado. Por eso pugna por transformarlo todo en mercancía, incluidas las personas y sus ideas, el tiempo y las risas, los trabajos y los días. Para hacerse hegemónica, esa lógica hubo de desterrar de las inteligencias un viejo sentido común (pensar que no debe existir nada que no esté al servicio de la dignidad de cada ser humano).
Luego construyó otro en donde todo tuviera una tasa ante los mercaderes. Machado avisó con tiempo: "todo necio confunde valor y precio". Pero los voceros de la especialización ganaron la batalla y pasaron.
Después gritaron, como si fuera evidente, su nuevo himno: ¡zapatero a tus zapatos! Alguien hizo ademán de hablarles de la virtud pública en donde todos nos hermanamos, de la voluntad general, donde hacen falta todos pensando en el todo, del compromiso cívico y el coraje ciudadano, que son el cemento de la sociedad y la clave de su progreso; pero Platón no cotizaba en el Ibex, Rousseau se había retirado, cansado de lidiar con necios poderosos, a alfabetizar inmigrantes, y trece millones de españoles pretendían mirarse a sí mismos en el espejo de una casa donde estar vigilado ya ni siquiera indignaba a nadie. Los voceros de la especialización pasaron, y a partir de entonces medimos nuestra cualificación por lo que se demanda de nosotros en un sitio que pasó a llamarse mercado de trabajo.
¿Aprender a pensar? ¿Aprender a sentir? ¿Aprender a preguntar? ¿Aprender a buscar? ¿Aprender a ser ciudadanos? "La universidad -dicen sin sonrojo-, debe cualificar para vender más cara la fuerza de trabajo. Nada debe distraemos de esta tarea". ¿Han copiado ya en sus apuntes lo último que he dicho? Manual para dejar de ser universitarios.
El nazismo eliminó en primer lugar a los judíos que no tenían destrezas concretas, saberes instrumentales. A aquél régimen no les servía lo que no tenía precio. Es curioso que aquellas personas que primero fueron rechazadas eran las que gozaban del máximo prestigio en sus comunidades. Eran las que sabían que, como seres humanos, somos universales. ¿Ya lo hemos olvidado? ¿Ya no somos universitarios?
Actualicemos a Isidoro de Sevilla: "vive como si fueras a morir mañana; estudia como si fueras a vivir eternamente; busca al mundo como si llevases una eternidad solo contigo".
Era un monte y siguió mandando al horizonte. Era un árbol que cobijaba el vientre de las nubes en su copa. Era un león que rugía su fuerza al elefante. Era un universitario que reclamaba para el compromiso el lugar universal del conocimiento. >>
Juan Carlos Monedero

lunes, 1 de diciembre de 2014

Arte: un desafío a la inmortalidad



“En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada”.


¿Por qué seremos tierra, humo, polvo, sombra, nada? ¿La indeseable muerte es nuestro fin? ¿No hay más? Si se marchitará, ¿para qué plantar, entonces, nuestro fruto? ¿Para qué vivir? ¡Ay, nada será de mí tras este efímero transitar!

Desolación y muerte: estos dos eternos vocablos palpitan tras los versos barrocos de Góngora. No existen para él, amo de la poesía decadente, esperanza ni ambrosía. Tal vez la culpa fue mía por pensar siquiera que podría llegar a ser el Dios inmortal. Quizás fui demasiado iluso al creer que esta modesta reflexión –mi yo, al fin y al cabo– podría en el tiempo perdurar.


“Tiempo devorador, desafila las garras del león”


¿Tú también, Shakespeare, hijo mío? ¡Por favor, no me recuerdes que los días me arrastrarán consigo al igual que a ti te llevaron! Al menos tú tuviste la oportunidad de permanecer en cada uno de tus soliloquios, de tus personajes, de tus sonetos. ¿Qué digo? ¡Si tú eres quien creó el teatro que es la vida! Es posible que tuvieras toda la razón y no seamos nada más que simples personajes, diminutos y retorcidos, en un escenario gigante. Por suerte, unos cuantos afortunados, los verdaderos hacedores del mundo, permanecen siempre en escena.

Artista, ojalá fuera artista. La creación humana, como ven, es lo único que perdura. Ni bombardeos, ni censura, ni milenios podrán hacer desaparecer los romances lorquianos de las calles de la asombrosa Granada. Tampoco acallará el paso del tiempo el Claro de luna de Beethoven, que ante nuestros sentidos todas las noches se dibuja. Ni siquiera el Guernica dejará de denunciar las masacres de la injusta guerra.

Pienso durante un instante en el Museo del Prado. Ante mí se perfila un Goya. No se me viene a la mente ni el rostro del pintor ni su biografía. Al fin y al cabo no se tratan más que de datos anecdóticos, sin importancia alguna. Lo que sí nace ante mí es la Belleza. Se materializa –benditos sean mis ojos– el alma del artista en forma de hombre inocente, enfrentado a una retahíla de soldados armados sin rostro y en torno a una multitud aterrada. Ese es el verdadero Goya, eso es el puro arte: esa es la auténtica inmortalidad.

¿No es, acaso, el arte solamente un desafío? Aquellos escritores, si dejaran de ser el polvo que auguraron que serían, se sorprenderían de que, a pesar de sus pésimos presagios, han logrado vencer a la muerte. La han vencido no con sangre, sino con versos, método, en ocasiones, mucho más eficaz e hiriente. Porque el arte –repito– no es nada más que un reto, una provocación para el más allá y una ruptura de las estrictas condiciones del mundo sensible. Y es que, a pesar de que ellos, artistas, se vieron obligados a bajar al Tártaro, las Moiras jamás pudieron cortar del todo su hilo.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

El arte del vivir (I). De títulos y sensaciones: el alma de la abstracción

A continuación se presentarán una serie de pinturas (o detalles de las mismas) de Pollock, artista adscrito al expresionismo abstracto. Ante la paleta tan variada y los trazos y formas tan desiguales que nos muestra este magnífico pintor, intentaré describir la sensación que me transmite cada uno de ellos a través de un eslogan, un nuevo título para el cuadro, una vaga descripción subjetiva del alma contenida en estos espectáculos visuales.



Claridad y luz entre una maraña de pensamientos y enredaderas




Laberinto cerrado de caminos sombríos



En el Caos no hay orden, en la oscuridad no existe color



Sobre notas, pentagramas y demás abstracciones amusicales



Beatus ille: espejismos, pastos floridos y reflejos

sábado, 20 de septiembre de 2014

El más allá nórdico: ¿espera o desesperanza?

Si, en comparación con las religiones monoteístas posteriores, los dioses griegos nos parecen cercanos, de características similares a los seres humanos, las deidades de la mitología nórdica todavía lo son más. Mientras las divinidades de la Antigua Grecia, a pesar de no estar carentes de defectos, no podían morir, los pueblos escandinavos creían en unos dioses que, mortales, podían ser derrotados y desaparecer de la faz del mundo.

Los enemigos acechan, mientras los dioses permanecen en su hogar, Asgard, tan distinto a los demás cielos que la humanidad jamás ha soñado. No hay esperanza de vida eterna, ni luz, ni felicidad. No cabe esperanza, aparentemente, en un lugar en el que aquellos que nos protegen desde las alturas pueden dejar de hacerlo en cualquier momento. Ni siquiera el Bien asegura alzarse por encima del Mal. Las fuerzas divinas no son capaces de contener lo inevitable; mas las deidades jamás dejarán de combatir, resistirán en primera línea de batalla hasta el último instante.

Hay muchas razones para alzar la vista al horizonte. Siempre que lo hacemos esperamos algo: una estrella fugaz, un Dios que nos responda o una razón para seguir vivos. El más allá desconocido nos deja indefensos ante una realidad incomprensible. No obstante, los nórdicos preferían no rendirse ante lo inalcanzable, sino creer en unas divinidades "humanas", aunque en ocasiones esta cualidad se nos presente como un antónimo. Siempre andamos buscando respuesta al más allá, pero estos pueblos prefirieron convertirlo en un "más acá", aquel que le sirva de aliento para andar, luchar y nunca dejarse vencer ante la más aguda de las debilidades.

jueves, 21 de agosto de 2014

París ya no es una fiesta


Allá a lo alto, a más de doscientos cuarenta escalones de altura, se levanta la magnificencia, el Sacre Coeur, y un paraíso bohemio, al margen del bullicio de un París eléctrico y ajetreado. En otras palabras, ante nosotros se nos presenta el dandi rebelde y soñador frente al abogado racionalista.

No obstante, cuanto más se adentra el espectador al corazón bohemio, más cae en la cuenta de que nada queda de ese ambiente transgresor. Ni siquiera el espíritu de los artistas de la plaza es heredero de "la bohème". Los cientos de turistas que buscan como hienas un pedazo de arte prostituido y comercial pueblan ahora un Montmartre frío y decadente. Decenas de tiendas de souvenirs devoran el poco aire modernista que se respira en la placeta, mientras que el visitante indiferente ignora los escasos cafés de la época que allí permanecen para sentarse en una mesa de plástico frente a un ya común Starbucks, artífice de una nueva era en la que la poesía, la irreverencia, el jazz y el descontrol han quedado completamente obsoletos. 

Amantes del arte, París ya no es una fiesta. O, al menos, ya no es el París que antes bien conocíamos.

martes, 12 de agosto de 2014

Arte poética

Insensato yo, que me atrevo a emular -o, al menos, intentar, siempre de forma fallida- la labor de los autores clave de la literatura en el intento de dar su respuesta propia al interrogante del poder sobrenatural de la poesía. Al fin y al cabo, sus Arte poética van más allá de las pautas para escribir bien -¿recuerdan esa restrictiva norma de las tres unidades en teatro de Aristóteles?-. Son, pues, una reflexión -profunda en ellos, gigantes, y escueta e insustancial en mí, acorde a mi pequeña estatura- acerca del poder de la palabra en relación al ser humano. O, al menos, a mí me gusta entenderlo así, ya que, a través de los recursos estilísticos propios del lenguaje poético, buscamos comunicar.

Mas ¿cómo comunicamos? Porque la magia de los vocablos no se rige por las leyes de la denotación. La poesía exprime la lengua y busca un significado connotativo, alternativo e incluso hermoso con el fin de expresar algo que el mundo sensible es incapaz de transmitir. El mar en Alberti sería tan finito si tan solo significara eso y quedara desligado de la sensación de libertad...

Por ello, tal vez, sienta especial predilección y admiración por el Simbolismo. Tengo tanto que decir y mi lengua -o quizás mi mundo limítrofe- tan poco que aportarme para explicar lo que siento... Solo se necesita atender a los títulos de las obras de los artistas franceses para embriagarse de ese espíritu y comunicación de la que hablamos: Baudelaire y Las flores del mal, Rimbaud y El barco ebrio o Mallarmé y Un golpe de dados jamás abolirá el azar. ¡Qué hermoso este último y cuánto sentimiento hay detrás!


    UNA CONSTELACIÓN
                                                                     fría de olvido y de desuso  
                                                                                         pero no tanto 
                                                                                                 que no enumere   
                                                                sobre alguna superficie desierta y superior   
                                                                                                el choque   
                                                                                                sideralmente sucesivo   
                                                         en un cálculo total en formación  
  
                         velando   
                                      dudando 
                                                    girando
                                                                 brillando y meditando

                                                                                   antes de detenerse   
                                                                 en algún sitio último que la consagre

                                                                 Todo Pensamiento emite un Golpe de Dados   

Mallarmé, S., Un golpe de dados jamás abolirá el azar


En su Arte Poética Borges afirmó que los libros son tan solo ocasiones para la poesía, despejando toda duda acerca de en qué preciso lugar o momento podemos encontrarnos con la magnificencia de la poesía. En resumen, la poesía es guía de nuestras vidas, nos acompaña siempre hasta en la más inexpresiva cotidianidad. ¿O acaso alguien no se acuerda del verso machadiano "monotonía de lluvia en los cristales"? Incluso el hastío -el infierno según Baudelaire- es objeto y sede de la poesía. Cualquier instante es idóneo para poetizar nuestro alrededor o, más bien, experimentar la poesía del ambiente.

Por su parte, la belleza, que no solo puede ser armoniosa, sino también desordenada, es el fin último que persigue el lenguaje poético. Ni el didactismo ni la crítica social tan presentes en ciertas épocas literarias son el objetivo de la poesía, pues esta es un tesoro valioso en sí misma: lo moralizante y lo crítico se tratan tan solo de intenciones de dicha poesía.

Por ello, a escribir poesía nunca se aprende. Se puede enseñar la técnica, por supuesto, e incluso educar el oído y la pluma para transmitir musicalidad, pero la belleza es imposible ponerla en manos del discípulo. Únicamente se llega a un buen poema plasmando de manera irreal y metafórica una belleza abstracta que anteriormente se ha captado. En mi caso, ando por la senda del saber, ya no del saber escribir, sino del saber emocionarme , aprovechar y exprimir lo hermoso de cada ocasión. Al fin y al cabo, no todos somos capaces de sentir como Stendhal, quien, ante la grandiosidad y perfección de la ciudad italiana de Florencia, cumbre del Renacimiento, falleció. Morir de belleza, ¡qué maravilloso y estúpidamente poético final!

martes, 5 de agosto de 2014

Retrato

¡Que el artista empuñe su pincel y me lo clave como si fuera un puñal! ¡Que la sangre brote y con ella perfile mi rostro! Ojos rasgados, pestañas largas, nariz curvilínea, labios carnosos y pelo rebelde. ¡Que se atreva a dibujarlo y que nunca mi retrato varíe! ¿Y si me tinto el pelo o me sajo el ojo al más puro estilo Buñuel? ¿Seré yo el del retrato? ¿Deberá el pintor enfundar su arma otra vez y plasmar un nuevo aire a mi desgastado cuadro? ¿Y si mi mirada, espejo del alma según algunos, ha cambiado? ¿Y si no soy quien era? ¿Y si he fracasado? ¿Y si acaso me he rendido? ¿Y por qué, quizás, he dejado todo de lado? Mi retrato -cambiante, fugaz y ágil-, ese que para nada merezco, es la prueba de mi constante transformación. Por favor, decidle al retratista que no malgaste la arena de su reloj, que pronto habré cambiado de nuevo, que le llevará una eternidad finalizar esta obra, que ni yo ya me reconozco.

miércoles, 23 de julio de 2014

(Pre)Universitario

La mente es una enredadera de pensamientos y, por ello, de vez en cuando es conveniente deshilar todo lo vivido. Cuando se escribe un episodio de nuestro libro en tan breve tiempo lo mejor es, más tarde o temprano, recapitular, ordenar, reflexionar y valorar. Para dicha tarea debemos comparar, en primer lugar, nuestro yo interno antes de comenzar a escribir este trascendente fragmento y a posteriori, cuando nuestra pluma ha finalizado el capítulo.

En la comparación algunos encontrarán dentro de sí insignificantes cambios, mientras otros identificarán una evolución sustancial. Y esta página de mi libro vital, que ha sido redactado en letras de oro tal y como la ocasión merece, se ha traducido en un tránsito enorme, en unos ojos más abiertos y amplios, en unas manos más llenas y en un corazón más sincero y potente. Ya no late en mí una bomba con ritmo quejicoso e irregular, sino que se trata de un órgano que revitaliza un cuerpo antes cansado y ahora dispuesto a ofrecer. Ya no soy un Jean-Paul Sartre, que, arrojado al mundo, no guarda ninguna esperanza en este cruel mundo. Ahora me he convertido en un Albert Camus, que, ante una existencia absurda, sabe reaccionar y confiar.
En definitiva, he pasado de ser un indeciso preuniversitario preocupado más por un porvenir profesional que por otro personal y social a un ser ignorante con un poco más de ese espíritu universitario que antaño caracterizaba a estas grandes comunidades de estudiantes y profesores. No diré que soy un auténtico universitario -aún me queda un largo recorrido, quizás una vida entera, para descubrir qué es esto realmente-, pero sí estoy en predisposición para serlo algún día. ¿Y cómo comenzar esta evolución tan costosa? Aunando tradición y vanguardia, como hicieron los genios renacentistas o los magníficos autores de la Generación del 27. Esa, sin duda, es la clave: progresar sin olvidar todo el legado que sostenemos sobre nuestras espaldas. Universidad es crear, mejorar, pero también salvaguardar.

No te creas aquello de las escasas salidas laborales, porque en la antigua universitas este no era el principal objetivo. Ni siquiera debería serlo en este organismo actual que nada tiene de comunidad. Los pilares fundamentales siempre han sido la búsqueda de la verdad -¿tu verdad? no, la verdad; ven conmigo a buscarla, la tuya guárdatela-, la síntesis de saberes y sus relaciones, transcritas en una formación integral, y el servicio a la sociedad.

Gracias, pues, al programa Becas Europa por haberme envuelto durante tres semanas en una burbuja de perfección, la cual, a día de hoy, ha sido explotada por una punzante realidad. Gracias por haberme dado visión para comprobar que, a pesar de la decadencia, un día a día mejor y más prospero es posible. Es, ahora, nuestra responsabilidad hacer de este espejismo propio un oasis permanente para la sociedad.

Atrás quedó lo que ya ocurrió. Lo mejor, de nuestra mano, está por llegar.


jueves, 17 de julio de 2014

La creación poética (III): La poesía es un arma cargada de futuro.

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,


cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.


Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.


Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.


Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.


Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.


Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.


Hago mías las faltas.  Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.


Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.


Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.


No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.


Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.



Celaya, G. Poesía urgente


jueves, 10 de julio de 2014

¿Para qué sirven las artes y las humanidades?

¿Para qué sirven las artes y las humanidades? ¿Para qué sirve la pintura, la danza, la música, la literatura? Es algo que todo el mundo nos pregunta y que, en ocasiones, hasta nosotros mismos nos cuestionamos. ¿Tiene valor práctico acaso saber distinguir entre un Monet y un Manet o rastrear en las grandes obras de la literatura universal los temas que han preocupado durante siglos al ser humano? Quizás no contribuya al progreso, como las ciencias, ni a impulsar el motor económico mundial. Mas, ¿por qué todo en la vida debe girar en torno a la practicidad?

“Eléctrica la luz, la voz y el viento, y eléctrica la vida”, dijo en uno de sus poemas Miguel Hernández. Este escritor autodidacta que cantó a la naturaleza, a la paz y a la vida retirada representa perfectamente lo que es ser humanista o artista. No queremos ser bullicio, agobio ni engranaje de una sociedad decadente. Queremos ser alma, vida, existencia y eternidad. Queremos que, en nuestro efímero transitar por el mundo, nuestro fruto como seres humanos quede grabado. “Caminante no hay camino, sino estelas en la mar”.

Pero ¿qué es el arte realmente? ¿A qué aspiran estos futuros grandes artistas? Marcel Duchamp, un dadaísta que presentó un urinario como una auténtica obra de arte, dijo que la concepción de arte reside únicamente en el espectador. Y no le faltaba razón. Cualquiera que admire Las meninas de Velázquez, le guste o no, sabe que es uno de los mejores cuadros de la historia. Pero ¿por qué? ¿Quizás por la armonía? ¿Por el efecto de espejos? ¿Tal vez gracias a los colores y tonos empleados? No tiene por qué, pues muchas otras pinturas prescinden de las técnicas propias de este autor. Entonces ¿cuál es la esencia del arte? El arte, en definitiva, es comunicación, y no solo a través del lenguaje verbal. Dicen que una imagen vale más que mil palabras y eso lo sabe tanto el artista que expresa lo que siente como el espectador que se siente identificado, suspira y disfruta del fruto del hombre.

¿Y qué decir de la literatura? Sobre su definición se han vertido ríos de tinta a lo largo de los siglos. Incluso autores contemporáneos, como el recién fallecido maestro Gabriel García Márquez, se han atrevido a ponerle definición a un término tan abstracto como este. Por ello, queremos recordar que Gabo, en la entrega del Nobel de Literatura, dedicó parte de su emotivo discurso a la poesía: “trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte”, dijo. Y concluyó, añadiendo: “es por eso que invito a todos ustedes a brindar por lo que un gran poeta de nuestras Américas, Luis Cardoza y Aragón, ha definido como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía”. Y hoy, desde aquí, os invitamos a todos vosotros también a brindar por la poesía, “un arma cargada de futuro” como apuntó, por otro lado, Gabriel Celaya. Y no únicamente por eso. Brindemos, no solo por nosotros, los recién graduados, sino por las emociones, por la humanidad, por la literatura contenida en nuestras almas: por todos vosotros.

No podemos concluir, por supuesto, sin dar las gracias a aquellos que han hecho de esta experiencia transitoria como es el instituto un estilo de vida. Y no solo hay que dar gracias a nuestros padres y a estos estupendos compañeros y amigos. Gracias a Avelina, Amparo, Óscar, Rosa, Magdalena, Paco, Lola, Anabella, Belén, Loli, Marian, Elena, Piqueras, Fernando, Ana Belén y Mónica; gracias a todos ellos por vivir por y para las humanidades y las artes, por vivir por y para el ser humano.

¿Para qué sirven las artes y las humanidades?, decíamos al principio. Sabemos que, en un futuro, no lograremos curar una enfermedad mortal, ni sacar a la venta un invento que nos facilite la vida. Claro que lo sabemos. No obstante, nos consuela saber que aún tenemos un papel fundamental en la sociedad, pues con el arte, nuestro arte, hacemos de este absurdo y cruel mundo un lugar en el que al menos merece la pena vivir.


Discurso de graduación 2º Bachillerato Humanidades y Artes. Promoción 2013-2014

jueves, 26 de junio de 2014

Viaje al centro de la Universidad

Como la magnífica novela de ciencia-ficción del francés Julio Verne, Viaje al centro de la Tierra, yo, personalmente, deseo desentrañar los misterios de un indispensable organismo social con crecientes necesidades de remodelación y actualización: la Universidad. Para ello, lo mejor es viajar al centro, al corazón de esta institución para descubrir, en primer lugar, qué es y qué significa. Una vez descubierto esto y revelada su misión, deberemos cuestionarnos sus pilares y, ante todo, si actualmente se están cumpliendo los requisitos básicos que antaño se seguían a rajatabla para la búsqueda de tal fin. No obstante, esto tan solo son divagaciones: no traigo respuestas. Al menos por ahora no. Sí, es cierto que podría enumerar una serie de afirmaciones, pero, puesto que todavía son dubitativas y escasas en fundamentos, prefiero reservarlas. No os inquietéis, no tardaré en volver con soluciones, no únicas ni universales, pero sí válidas para mi más inmediato alrededor -paciencia, lectores, por algo se empieza: los asuntos pequeños pueden convertirse en auténticos debates globales-. Volveré pronto, lo prometo. O, al menos, volveré. Espero haberme enriquecido a mi vuelta y otorgar a la sociedad todo lo que vaya a proporcionarme humanamente esta irrepetible experiencia. Mientras tanto, vosotros seréis los encargados de intentar dar contestación a todos estos urgentes interrogantes.

Descubramos la Universidad. Trabajemos todos unidos. Pongamos nuestro talento al servicio de la comunidad.

Hasta pronto.

viernes, 13 de junio de 2014

Penélope

La fiel Penélope teje de día y desteje por la noche. No avanza, espera. No espera, se detiene.

La fiel Penélope tiene a su espalda decenas de pretendientes. No rechaza, calla. No calla, desprecia.

La fiel Penélope solo dirige la vista a los mares. No se achica, tiene esperanza. No tiene esperanza, sino fe.

La fiel Penélope espera a su héroe. No quiere, adora. No adora, lo ama.

La fiel Penélope teje de día y desteje de noche. No avanza, permanece quieta. No se queda quieta, se derrumba.


La fiel Penélope espera a algo que, quizás, en esta contemporánea epopeya, jamás llegará.

Penélope, en su espera, desespera. Siento ser yo la deidad que maneje tus acciones y el destino y, a la vez, cure tu ceguera.

Penélope, vive, sé tú: nunca más destejas.


sábado, 31 de mayo de 2014

Homenaje a la mujer guerrera

A continuación os presento el relato corto que presenté al I Certamen Literario "8 de marzo", organizado por Juventudes Socialistas de Almansa, y que resultó ganador. Espero que lo disfrutéis tanto como yo he disfrutado escribiéndolo. La lucha por la igualdad todavía no está acabada.


***

La bandera tricolor ondeaba desde el balcón. El tenue sol de las nueve de la mañana penetraba en la oscura habitación, alumbrando el libro favorito de mamá, que reposaba sobre el sillón y en el que se podía leer inscrito en letras doradas el nombre de Virginia Woolf.

-            ¡Venga, pequeña! ¿Te apetece que vayamos a votar? –me animó mi madre, mientras se enfundaba su viejo chaquetón.
-            No sé para qué llevas a la niña a eso. Bueno, tampoco entiendo que tú vayas a votar. Las decisiones importantes y la política son asuntos de hombres. Además, la cocina está hecha una porquería… ¿Qué clase de ama de casa eres? –refunfuñó mi abuela.
-            ¿Ama de casa? Antes de nada soy mujer. –dio la espalda a su anciana progenitora y se dirigió hacia mí- No le hagas caso. Ponte el abrigo y vámonos.

Nada más salir del caserío me sorprendí de la euforia que se desataba en la calle. Decenas de ciudadanos al grito de “¡larga vida a la República!” se dirigían a las urnas. Los lúcidos rayos de sol otorgaban un tono más vivaz a los colores rojo, amarillo y morado que componían sus insignias.

-            ¡Menuda cola! Deberíamos haber salido antes. Nos tocará esperar, cariño –se lamentó mi madre sin perder la sonrisa.

Aquel era un pueblo pequeño y, sin embargo, parecía que todos los habitantes se habían congregado allí a ejercer su inalienable derecho a elegir. La mayoría eran hombres, aunque entre la multitud también se podían identificar unas pocas mujeres.

-            Mamá, ¿por qué casi todos son chicos? –pregunté, inocente.
-            Porque por mucho que las leyes hayan cambiado, la mentalidad de la sociedad sigue siendo la misma. –se dio cuenta de lo incomprensible que resultaban para mí esas palabras- A ver, cielo, ¿cómo puedo explicártelo? Digamos que hoy en día no hay muchas mujeres valientes. Piensa que esto es nuevo para todas nosotras.
-            ¿Eres valiente como una guerrera? –dije con un brillo en los ojos- ¿Nuevo por qué?
-            ¡Por supuesto que soy una guerrera decidida y valerosa! –añadió mi madre riéndose- Estas son las primeras elecciones de España en las que pueden votar las mujeres.
-            ¿Antes no podíais? –pregunté, curiosa.

Negó con la cabeza y me hizo una señal para que aguardara un instante, pues estábamos ya frente a la mesa electoral. Observé aquella escena con atención. El hombre responsable de la urna le exigió su identificación y, acto seguido, mi madre pudo introducir la papeleta por la rendija de aquella caja rectangular. Le temblaban las manos y tardó unos segundos en depositarla. Una vez lo hubo conseguido, una lágrima brotó de sus ojos y recorrió su rostro completo.

-            ¿Por qué lloras? –pregunté, confundida por el llanto que se había desatado en mi madre- ¿Estás triste?
-            ¡Claro que no! ¡Soy muy feliz! –rio mientras se secaba los párpados con un pañuelo- Lo que pasa es que este es un día muy importante para mí. Para mí y para ti. En fin, para todas las mujeres. Aunque este solo sea un pequeño paso, significa el inicio de la revolución feminista. Ya no seré mujer, ni ellos serán hombres, porque nos convertiremos en seres igualitarios. Este es el comienzo de algo grande, un proceso que ya ha detonado y jamás cesara de expandirse.

Miré fijamente sus ojos desafiantes. En aquel momento estuve convencida de que su discurso utópico se haría realidad algún día. Al fin y al cabo, sus palabras escondían un atisbo de verdad. En lo que respecta al hecho de que aquellas elecciones marcaron un antes y un después en el devenir del género femenino, era completamente cierto, porque la semilla de aquella mujer revolucionaria con capacidad de decisión en asuntos públicos ya había sido plantada y, por tanto, aquel ideal seguiría creciendo irremediablemente. Por el contrario, en su convencida predicción de que la valía de las mujeres se extendería a partir de entonces de forma imparable, fracasó estrepitosamente. Un día, no muchos años después, frente a un pelotón de fusilamiento, anhelaría aquella esperanza de futuro que jamás se cumpliría tal y como ella había predicho.

A primera vista, los hombres intolerantes habían silenciado la voz de la mujer insumisa. No obstante, el eco de aquel grito de revolución quedaría suspendido en el aire. Al fin y al cabo, mi optimismo me impide aceptar que esta represiva y mísera posguerra durará eternamente. Sé que resurgirá más fiera que nunca la mujer guerrera, cuyo lema será el mismo que guió a mi madre, una señora de carácter férreo a la par que dulce, durante su efímera vida: no quiero ser mujer objeto, pero tampoco hombre sujeto, sino que solamente deseo ser humana. Hoy, como mi ejemplo a seguir, pediría a todas las mujeres que fuesen revolucionarias, decididas, incontrolables, extrovertidas, luchadoras, soñadoras e inconformistas. Mamá, en este mundo absurdo y sexista lo más fácil sería ser espectadora, mas yo, al igual que tú, prefiero ser protagonista.