Sí, estoy harto de oír que el sistema educativo español es una basura, de que me recuerden que cualquier finlandés me supera en inteligencia y de que me repitan sin cesar que estoy a la cola en educación entre una larga lista de países según un estudio muy fiable y objetivo. Ya sé que soy un ceporro, que no valgo para nada y que mi futuro es completamente negro. Vamos, si yo tuviera que elegir entre un español y un no-español para un cargo público, elegiría sin dudarlo al primero. Ni de lejos el de mi país va a estar tan preparado ni va a ser tan eficiente ni tan listo como el extranjero.
De hecho, no sé para qué estudio. ¿Qué más dará mis esfuerzos si el sistema no funciona? Muchos conocimientos inútiles, poca aplicación en la vida real. ¿Cómo voy a encontrar empleo? Señores, que no sé cómo funciona la vida, que yo solo te sé decir un listado de obras de Lope de Vega y recitarte la tabla periódica de principio a fin. Pero no me pida nada más, oiga, que de ahí no paso, que mi educación no me ha dado la oportunidad de saber más. La culpa es del Gobierno, del sistema educativo y de España; yo me desentiendo. Hasta donde yo sé (poco, vamos) no es mi fallo, no tengo nada que ver en este embrollo.
Además, queridos amigos, esto no es cosa de dos días. A España poco le ha interesado la formación de los ciudadanos. En nuestro país nunca ha habido nadie importante. Bueno, Cervantes, pero ese era un fiera. Y Picasso también, pero lo del Guernica fue gracias a que había entonces una guerra, que si no nada de nada. Científicos, ¡ni uno que destaque! Vale, está Ramón y Cajal, pero pocos más. Lo que iba diciendo: que en nuestro país no ha habido nunca nadie relevante, ni yo tampoco lo seré porque de educación no se han preocupado los altos cargos. Si no están pendientes ellos, ¿lo voy a estar yo? Obviamente no. Ese tema no me concierne.
La estructura educativa es mi límite. No me pidas que yo busque una manera de explotar mi talento. Mi responsabilidad es solo beber de lo que la educación me da. Yo no tengo por qué ir buscando o actuando. ¡Faltaría más! Que mis conocimientos y habilidades vengan a mí a través del ministro de turno, paso de complicarme la vida. Yo he venido aquí solo para quejarme de que mi sistema educativo no me ofrece nada y que yo no puedo crecer si no es gracias a él.
¿Leer? Lo que me manden: si no conozco el Quijote culpa mía no es. ¿Hablar en un idioma extranjero? ¡Si en inglés nos dan mucha gramática y poca expresión oral! No hay manera de que los españoles nos comuniquemos en inglés ¿Adoptar un espíritu crítico? Ni mi sistema educativo me lo ofrece ni tampoco lo necesito. U-TI-LI-DAD: más saberes prácticos y menos abstracciones filosóficas. La reflexión no me va a dar de comer.
Lo que decía: una bazofia de país. Aquí no hay nadie, ningún talento universitario, que valga la pena. Ni dos perras gordas daría por gente con una formación tan deficiente como la nuestra. Me da igual que se hayan buscado las mañas para explotar su valor. Lo que queda fuera del sistema educativo no cuenta. Es tan solo pura anécdota.
"La comprensión de que la vida es absurda no puede ser un fin, sino un comienzo" -Albert Camus
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sábado, 13 de diciembre de 2014
miércoles, 10 de diciembre de 2014
Diario de un universitario (I): Manual para dejar de ser universitarios
<< Decía Canetti: "Era un monte y estalló. Era un árbol y cayó a tierra. Era un león y se acobardó". Perversiones del monte que pierde su firmeza, del árbol que abandona el mandato de sus raíces, del león que traiciona el orden de la jungla. Podríamos añadir nosotros: "Era un universitario y le bastó su rincón".
Perversiones de quien no se atreve a pensar en nombre del mundo. Encerrado en su pequeña porción de saber, de responsabilidad, de duda. Ensimismado en la falsa certeza de una herramienta sin alma, de un territorio cercado, de un tiempo enclaustrado. En un rincón, atento a sí mismo, vestido de su imitada destreza, ajeno al universo. Eran un monte, un árbol, un león que dejaron de serlo. ¿Vamos a dejar de ser universitarios?
La lógica mercantil es torpe como una veleta fija y no conoce más camino que el del mercado. Por eso pugna por transformarlo todo en mercancía, incluidas las personas y sus ideas, el tiempo y las risas, los trabajos y los días. Para hacerse hegemónica, esa lógica hubo de desterrar de las inteligencias un viejo sentido común (pensar que no debe existir nada que no esté al servicio de la dignidad de cada ser humano).
Luego construyó otro en donde todo tuviera una tasa ante los mercaderes. Machado avisó con tiempo: "todo necio confunde valor y precio". Pero los voceros de la especialización ganaron la batalla y pasaron.
Después gritaron, como si fuera evidente, su nuevo himno: ¡zapatero a tus zapatos! Alguien hizo ademán de hablarles de la virtud pública en donde todos nos hermanamos, de la voluntad general, donde hacen falta todos pensando en el todo, del compromiso cívico y el coraje ciudadano, que son el cemento de la sociedad y la clave de su progreso; pero Platón no cotizaba en el Ibex, Rousseau se había retirado, cansado de lidiar con necios poderosos, a alfabetizar inmigrantes, y trece millones de españoles pretendían mirarse a sí mismos en el espejo de una casa donde estar vigilado ya ni siquiera indignaba a nadie. Los voceros de la especialización pasaron, y a partir de entonces medimos nuestra cualificación por lo que se demanda de nosotros en un sitio que pasó a llamarse mercado de trabajo.
¿Aprender a pensar? ¿Aprender a sentir? ¿Aprender a preguntar? ¿Aprender a buscar? ¿Aprender a ser ciudadanos? "La universidad -dicen sin sonrojo-, debe cualificar para vender más cara la fuerza de trabajo. Nada debe distraemos de esta tarea". ¿Han copiado ya en sus apuntes lo último que he dicho? Manual para dejar de ser universitarios.
El nazismo eliminó en primer lugar a los judíos que no tenían destrezas concretas, saberes instrumentales. A aquél régimen no les servía lo que no tenía precio. Es curioso que aquellas personas que primero fueron rechazadas eran las que gozaban del máximo prestigio en sus comunidades. Eran las que sabían que, como seres humanos, somos universales. ¿Ya lo hemos olvidado? ¿Ya no somos universitarios?
Actualicemos a Isidoro de Sevilla: "vive como si fueras a morir mañana; estudia como si fueras a vivir eternamente; busca al mundo como si llevases una eternidad solo contigo".
Era un monte y siguió mandando al horizonte. Era un árbol que cobijaba el vientre de las nubes en su copa. Era un león que rugía su fuerza al elefante. Era un universitario que reclamaba para el compromiso el lugar universal del conocimiento. >>
Juan Carlos Monedero
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