Dos años de reinvención

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lunes, 10 de junio de 2013

Mejor tarde que nunca

Parece ser que la repercusión del primer año de blog ha sido tal que todavía me llueven multitud de felicitaciones. Aunque ninguna comparada con la siguiente que, sin duda, siempre permanecerá en mi recuerdo y que también quiero dejar constancia aquí. Un árbol no crece por si solo a menos que haya jardineros que le den de beber. Gracias a todos los que cada día me hacen ser más alto.


<< El 16 de junio de 2012, lo conocí y hace unas semanas celebró una de sus primeras victorias. No es una victoria por la que haya recibido un obsequio, ni mucho menos. Creo que más que nada lo que ha recibido a cambio es el gran placer de disfrutar escribiendo y de aprender de sí mismo. 
Aquella noche del 17 de junio, tras unos cuantos mensajes privados por las redes sociales que nos han mantenido en contacto hasta hoy, entré en su blog por primera vez "Reflexiones de un imperativo categórico" y leí su entrada "Bailar pegados no es bailar" , tras leerla quedé totalmente impactada por la forma de escribir de esa persona que había conocido ese fin de semana y de la que tenía dudas de volver a saber. Este blog comenzó gracias a esa persona, ella me incitó a empezarlo y ver su seguridad al publicar entradas y más entradas, me dio la fuerza necesaria para empezar el mío, [...]
De aquellos días hasta ahora casi ha pasado un año y sigo leyéndole. Con los exámenes me he desprendido de él y de su blog y hoy, tras un largo rato de lectura, me he vuelto a poner al día y vuelvo a estar disponible para él y para su blog. Hoy aterrizo de nuevo en la tierra y quiero volver a tener contacto con sus clases de escritura, con sus pequeños relatos y con sus reflexiones.
Cada día sigo asombrándome y preguntándome de dónde has salido, cada día sigo sonriendo al ver que has actualizado tu blog, porque eso me hace estar segura de que sigues ahí y de que no te has rendido. Quiero, más bien deseo, que sigas este camino que empezaste hace un año y por el que has ido evolucionando y aprendiendo. También, deseo que llegue ya ese día en el que me llames y me digas que has conseguido publicar un libro y me faltará tiempo para ir a comprarlo y leerlo, porque esté haciendo lo que esté haciendo será lo primero que haga cuando reciba esa noticia.
No voy a escribirte nada más por aquí, no voy a decirte más de lo que pienso sobre ti, ni sobre tu escritura, ni sobre tu blog, porque esas cosas prefiero decírtelas a ti directamente cuando tenga oportunidad. Pero, desde aquí quiero darte mi más sincera enhorabuena y darte ánimos para que sigas adelante, con tu blog y con tu persona, porque gente como tú apenas queda y es todo un honor poder estar a tu lado y leerte cada día. 
Nunca dejes de luchar ni de escribir.
Un abrazo. >>

Pilar Pardo, Al fin me animo a hacer esto

lunes, 3 de junio de 2013

Mamá, de mayor quiero ser filósofo

No hay mayor satisfacción que ver cómo el mensaje que alguien predica se materializa en hechos. Mi propósito del blog desde un principio era encontrar salida a mis pensamientos, pero también hacer pensar al resto y, a estas alturas, me siento orgulloso de afirmar que lo he conseguido.

Sin duda, el filósofo ha sido siempre vislumbrado como un ser pedante, incomprensible y aburrido. Esa fama de emplear una terminología rebuscada ha traído consigo un rechazo a esta disciplina, puesto que más que ayudarte en tu vida, pretende complicartela.

No obstante, todos somos filósofos al final. ¿Quiénes eran Platón, Kant o Nietzche más que hombres que intentaban describir un mundo antojado a veces como ajeno? Los humanos somos seres pensantes y, por eso, tanto tú como yo somos ya expertos en Filosofía. Sí, quizás no hayamos creado una teoría reveladora y novedosa ni tengamos un dominio magistral del lenguaje y la simbología, pero sabemos emitir al menos juicios de valor.

Entonces, ¿qué se necesita para ser filósofo? Curiosidad, interés por conocer a fondo nuestro alrededor y no flotar únicamente sobre su superficie y, por encima de todo, valor. Arrojo para dar a conocer tus enrevesados pensamientos. Valentía para mostrar a un público desinteresado cómo te sientes y qué opinas acerca de la totalidad de lo existente. No todo el mundo es lo suficientemente bravo para reflexionar, ya que esta práctica conlleva un riesgo muy importante.

Por ello, me enorgullece presentar la reflexión de, quizás, la mejor de mis discípulas. Desde tiempos inmemorables, la sabiduría se ha transmitido a lo largo de generaciones. Me siento feliz de ser yo quien te ha inspirado a escribir estas líneas, pero ahora soy yo el que debo aprender de ti. Al fin y al cabo, los roles de profesor y alumno se intercambian pues, con ganas de comerse el mundo, hasta el más inexperto aprendiz puede enseñar una gran lección.

Tal vez no pasarás a la historia mundial como sí lo han hecho Sócrates o Hegel pero no me cabe la menor duda de que, con esta impresionante reflexión, sí conformarás parte de tu propia historia y la de tu círculo más cercano. ¿De mayor no querías ser filósofa? Pues enhorabuena, porque hoy ya eres mayor.



<< Si hay algo odioso en esta vida, es esa palabra tan abstracta conocida como "sociedad". Me pregunto hasta qué punto puede influir ésta en la vida de alguien. Sí, la sociedad somos todos, pero… ¿Alguien nos ha preguntado si queremos pertenecer a ella? Yo me hice a mí misma, pero no por ello ha de darme la sociedad una imagen y una máscara que tenga que sincronizar con la de los demás. El verdadero valor de una persona es que sea individual, y no tenga por qué seguir a un grupo de gente, todos guiados por un gran pastor de ovejas desorientadas. Un gran pastor que dentro de no mucho tiempo, no nos dejará pertenecer a su rebaño a no ser que no utilicemos una talla 36 de pantalón y más de una 100 de sujetador. A no ser que bebamos y fumemos hasta llegar a rozar muy de cerca el descanso eterno. Y estos son sólo unos pocos ejemplos de los cánones que la sociedad impone cada vez más. ¿Por qué responder a ellos? Uno de los medios que más nos incita a responder a ellos es la publicidad. Somos esclavos de ella. Para hacer los productos atractivos al consumidor y que este sienta la necesidad de comprarlos, la publicidad utiliza los estereotipos más arraigados en nuestra cultura o los ideales que funcionan en la imaginación de la gente: nos presentan situaciones que nos gustaría vivir y personajes que quisiéramos ser. Para ello, las mujeres son representadas como mujeres irreales, que no existen y cuya presencia sólo deja frustración en las personas "normales", y sólo sirve para publicitar un determinado modelo de mujer. El problema es la exclusividad del culto al cuerpo. Pensar que el éxito y la felicidad es el llegar a ser o tener una mujer delgada, perfecta en formas y sumamente atractiva, y que ello sea prácticamente tu único centro de atención. Esta exclusividad está creando muchos problemas en las jóvenes adolescentes, desde anorexia, bulimia y otros trastornos alimenticios hasta depresiones. Depresiones producidas por el estado de malestar e insatisfacción que se produce por no alcanzar los parámetros que marcan las modas. No creo que sea necesario llegar a tales extremos. 

Vale si, vivimos en una sociedad con libertad, pero ¿hasta qué límite? Sí, la libertad de uno termina donde está el respeto a los demás, pero, ¿dónde se halla esa inapreciable línea? ¿Sólo por educación hemos de resignarnos y callarnos ante algo que nos oprime y nos infravalora? >>
La última quinta directa


martes, 28 de mayo de 2013

Reflexiones de un imperativo categórico

Hace precisamente un año, día 28 de mayo de 2012, emprendí un proyecto que, en un principio, auguré que duraría poco. Aquello de escribir siempre me había atraído, pero no estaba seguro si la idea de disertar daría buen resultado. De todas formas, me decanté por realizar este diminuto sueño e inicié una trayectoria que, oponiéndose a mis expectativas iniciales, ha conseguido ser de una extensión considerable.

Pensaba que la filosofía me traería respuestas, mas sólo ha introducido en mi atolondrada mente miles de preguntas existenciales, en ocasiones, hasta absurdas. No recuerdo con lucidez aquella etapa de mi adolescencia, sólo sé que no pasaba por mis mejores momentos y creí que si me rendía a los pies del saber y escuchaba lo que mi interior me dictaba, encontraría la verdadera felicidad.

Sin duda, podría afirmar que mi musa fue la asignatura de Ética, o más bien, la profesora que la impartía. No hay buena disciplina sin un buen maestro, y estaba claro que esta mujer estaba dispuesta a prestarnos su visión más nítida y positiva de un mundo tan desordenado como el nuestro. La clave no residía en memorizarse inútiles teorías sobre el objetivo de nuestra vida individual, sino en encontrar la meta propia. Aquellas lecciones causaron una gran curiosidad en mí y decidí comenzar este arduo camino que consistiría en conocerme mejor a mí mismo y ser consciente de mis límites, sueños y miedos. Para ello, empecé este blog, aunque jamás hubiera pensado lo complicado que llegaría a resultar. Aún conviviendo diariamente conmigo mismo, he descubierto que yo mismo conformo el ser más extraño y retorcido que nunca antes he conocido.

Quizás, el detonante fue el grandioso Kant. En una de las pocas lecciones teóricas, aquella visionaria -ya lo dijo un día, la filosofía reside en el cielo, ella se encarga de traérnosla hasta la tierra- nos descubrió a un filósofo moderno que aseguró que tenía mucho que decir. Así, puso ante mis ojos su teoría más célebre: el imperativo categórico. "No hagas lo que no te gustaría que te hiciesen", se podría resumir a grandes rasgos y utilizando un lenguaje cotidiano. No tenía nada de novedoso, en verdad era aquello que mis padres me habían inculcado desde pequeño; pero parece ser que aquella llamada de atención supuso mi apertura de mente. Si lo más cotidiano de mi vida, como es esta simple regla, es cuestionable, ¿por qué no criticar, replantear y buscar nuevos modelos y explicaciones para esa inmensa totalidad que nos rodea?

Irónicamente, no me he vuelto a interesar por Immanuel Kant ni, sinceramente, sé mucho más sobre sus reflexiones. Sin embargo, siempre quedará grabado en mi historia personal como la semilla de la que brotó el gran árbol que soy hoy, más robusto y perenne que un año atrás. Solamente hay que observar mis reflexiones para comprobarlo, la manera en la que han ido madurando y creciendo, como reflejo de mi yo interno. No obstante, hoy sólo soy un anteproyecto de lo que espero poder llegar a ser.

Al fin y al cabo, y tal como he señalado anteriormente, la creación de Reflexiones de un imperativo categórico fue un intento desesperado por obtener la felicidad a través de la filosofía. Aunque os confío un secreto: esta experiencia no me ha proporcionado más alegría de la que me caracterizaba, si acaso en ciertos momentos mayor flaqueza e impotencia. Pensar se relaciona con el saber y el saber únicamente nos ofrece una visión realista de un mundo injusto (e incluso de un mismo yo manipulador y cruel). Por consiguiente, esta contemplación conlleva a una valoración más objetiva acerca de lo que disponemos, aunque también a una infelicidad más profunda. Ya había oído antes que se vive mejor sumido en la ignorancia, pero no sabía cuán cierta es esta afirmación.


sábado, 25 de mayo de 2013

Felicidades externas

En esta semana os pretendía otorgar unas cuantas sorpresas -o tal vez no tanto- y festejar el aniversario de reflexiones. Sin duda, no me esperaba que los elogios externos se introdujeran en la todavía corta trayectoria de este blog. Sin embargo, los empujones de aire sobre tu espalda no son más que suerte encontrada a lo largo del camino que te anima a seguir.

¿A seguir con qué? ¿Con esta agradecida vida que, en ocasiones, me engaña como hacen los trileros? ¿Con un blog sin respuesta a ninguna pregunta suspendida en el tiempo? ¿Con mis reflexiones internas que invitó a leer a todo tipo de público? No sé cómo continuar, ni tengo nada planeado. He cambiado mucho, antes no cesaba de mirar con intriga hacia el futuro, ansiaba salir de un agujero demográfico como en el que me encuentro y empezar de cero. No obstante, ahora que realmente me conozco -seguiré sorprendiéndome, no tengo aún la vida hecha, tranquilos- sé que realmente no deseo eso.

Estoy con quien deseo estar hoy y estas cálidas palabras de El cabrón empedernido no hacen más que reafirmar mi decisión actual: aprovechemos el presente.

<< [...] para mí su blog es una más de sus aventuras como la radio que se propuso hacer, o hasta la retransmisión de vídeo por Internet que un día me planteó, y de la cual no volví a oír absolutamente nada. De todos los proyectos que me ha comentado que le gustaría hacer, puede que no haya hecho ni la mitad. Pero curiosamente, en ningún momento llegó a mis oídos por parte de su voz nada de un blog, y sin embargo, ha sido la idea que mejor ha puesto en práctica, y más tiempo ha mantenido a flote. Esperemos que los estudios no pasen factura, y nos siga deleitando con sus reflexiones durante mucho tiempo, y con la misma calidad o incluso más, si es que todavía puede superarse. [...]>>
El cabrón empedernido

Este punto de su entrada me ha causado una gran carcajada. Es verdad, he intentado probar todo, sin finalmente llegar a hacer nada. Quizás esta algarabía de ideas dentro de mi cabeza solamente era una llamada para que continuara buscando, hasta dar con lo que realmente me proporciona plenitud: escribir. No obstante, mi aventura no termina en este blog. Mi próximo reto es publicar un libro -mejorando previamente mis dotes de escritura-, pero esta vez, será poético. Basta ya de reflexiones. Intentaré buscar la certeza a través del lenguaje metafórico.

No os asustéis, queda Imperativo Categórico para rato. Esto no es más que un alto al fuego, un instante para reflexionar cómo este proyecto ha cambiado mi forma de entender el mundo y -al menos eso espero- cómo ha podido servir de apoyo en la vida de mis lectores. Os dejo con el enlace del detalle que ha tenido conmigo El cabrón empedernido. No tiene desperdicio: Un año de reflexiones

<< Gracias por este año de Reflexiones de un Imperativo Categórico, pero sobre todo, por un año más de amistad que va pareciendo más corta a la vez que se alarga.
El cabrón empedernido

lunes, 20 de mayo de 2013

Cómo comenzar un blog: una reflexión sobre los principios y los finales


Era un Premio Nobel, un auténtico genio. Conocía el secreto del manejo de metáforas, juegos de palabras y demás figuras literarias casi a la perfección. Hilaba historias espontáneamente, sin planteárselo. Nadie dudaba que de su prodigiosa mente manaban toda clase de ideas, retorcidas y enternecedoras, reales e imaginarias. Paupérrimo hombre quien no apreciara el arte de su literatura; paupérrimo en cultura, inteligencia y alma humana.

Yo, por lo tanto, intenté poner en juego su habilidad incuestionable por muchos. No soy quién para probarle, sólo soy un necio e inexperto autor. Beso sus tobillos, su sombra, pero adoro los retos.

Se trata de un hombre encantador, por lo que se me antoja un tanto violento apuñalar todo su prestigio, sin dejar rastro. Sin embargo lo conseguiré, será el crimen perfecto. Lo sé y él también lo sabe, pero como todo un caballero me recibe con una amplia y sincera sonrisa, descolorida por la colilla que prende en su boca.

No me lo pondrá fácil. No obstante, yo tampoco lo haré. A su altura debo estar, por muy alto que sea el Himalaya. Ansío sentir la sensación de crecer, menguando a su vez a otra persona. Soy cruel, aunque astuto, estoy seguro de que le pillaré desprevenido.

No voy a atracarle, eso se lo dejo a vulgares ladronzuelos. A mí me va más lo espiritual, lo filosófico, lo diabólico. Sembrar el caos es mi afición, aunque utilizando mi método, más sutil que el del resto. Ni insultaré, ni amenazaré, ni menospreciaré, ni me enzarzaré en una batalla. Todo lo anterior se lo dejo a esa inmensa mayoría.

      - Hemos charlado lo suficiente, señor. A decir verdad no me interesa para nada su vida. No he venido ni a entrevistarle, ni a criticarle, ni a sonsacarle el título de su próximo libro que será igual de magnífico que todos los anteriores, no me cabe duda.

       - Lo suponía –me dedicó una sonrisa de complicidad –Entonces, ¿qué desea?
       - Deseo lo indeseable. Deseo un amor que no se fugue como todos hacen. Deseo la eternidad. Deseo conocer todos los secretos que plagan nuestro día a día. Deseo ser yo quien desee algo de una maldita vez.
       - Sea más concreto, por favor. No le puedo ofrecer nada de eso.
       - Sí sabes lo que ofrecerme.
       - Perdona, pero no comprendo a qué se refiere.
       - Por favor, querido, no te menosprecies. Lo sabes perfectamente.
       - ¿Qué reto quiere plantearme? –adivinó el viejo –Le aviso que nada es lo suficientemente complicado para mí.
       - Así me gusta. Vamos más rápido si ambos ponemos de nuestra parte.

     Le entregué un pedazo de papel reciclado y completamente arrugado junto a una pluma estilográfica.

       - Escribe –le propuse.
       - Sé escribir muchas cosas: novelas, cuentos, teatros, ensayos y poemas. Preferiría que fuese más preciso.
       - El comienzo. Escribe el comienzo de todo.
       - ¿Todo? ¿Qué todo?
       - No sé. No soy el genio aquí.
       - Perdone. No entiendo. –exclamó aturdido.
       - ¡Idiota! ¡Escribe el comienzo de una historia! El principio de la vida, por ejemplo.
     - Pues… –comenzó  a dudar –Nacemos del seno materno, tras nueve meses en el vientre de la madre, como resultado de la copula.
       - Menos tecnicismo, doctor honoris causa –dije, burlesco –Eso no es el comienzo de la vida, sino de una vida. No sé si captas la diferencia.
       - Ya entiendo… Existen muchas teorías. El creacionismo y el darwinismo, entre otras.
       - ¡No te pido una clase didáctica, diablos! –comencé a sulfurarme –¡Únicamente te estoy pidiendo que me escribas un planteamiento, como el de cualquiera de tus novelas!
       - No hay comienzo sin final. Debería crear un guión, un esquema para situar el relato.
      - ¡He ahí la cuestión! –suspiré –Te ha costado. Lo que te pido es que escribas el principio de algo, sin saber el final, ni cómo puede continuar.
       - ¡Eso sería como escribir sobre el agua!
       - ¿Puedes hacerlo, por favor? Tengo bastante prisa.
       - Técnicamente, no puedo. No tiene pies ni cabeza.

Técnicamente. Gané por unanimidad. Los humanos sois tan estúpidos que no podéis dar un paso sin saber si continuaréis caminando o si es seguro darlo. No podemos nacer sin saber que un día moriremos. No podéis vivir tranquilos por si tranquilamente vuestro vivir se vuelve un sinvivir. Permíteme coger una pluma y escribir sobre el mar, como dijo nuestro ahora no tan reputado escritor. Dibujemos algo que se borrará, llevándoselo la marea, antes de que podamos terminar. Dibujemos nuestra felicidad, disfrutémosla lo antes posible aunque no hayamos sido agraciados desde el principio.

No tengo cómo empezar esta reflexión, ni tampoco cómo finalizarla. Así que, comencemos por la mitad.