Dos años de reinvención

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martes, 12 de agosto de 2014

Arte poética

Insensato yo, que me atrevo a emular -o, al menos, intentar, siempre de forma fallida- la labor de los autores clave de la literatura en el intento de dar su respuesta propia al interrogante del poder sobrenatural de la poesía. Al fin y al cabo, sus Arte poética van más allá de las pautas para escribir bien -¿recuerdan esa restrictiva norma de las tres unidades en teatro de Aristóteles?-. Son, pues, una reflexión -profunda en ellos, gigantes, y escueta e insustancial en mí, acorde a mi pequeña estatura- acerca del poder de la palabra en relación al ser humano. O, al menos, a mí me gusta entenderlo así, ya que, a través de los recursos estilísticos propios del lenguaje poético, buscamos comunicar.

Mas ¿cómo comunicamos? Porque la magia de los vocablos no se rige por las leyes de la denotación. La poesía exprime la lengua y busca un significado connotativo, alternativo e incluso hermoso con el fin de expresar algo que el mundo sensible es incapaz de transmitir. El mar en Alberti sería tan finito si tan solo significara eso y quedara desligado de la sensación de libertad...

Por ello, tal vez, sienta especial predilección y admiración por el Simbolismo. Tengo tanto que decir y mi lengua -o quizás mi mundo limítrofe- tan poco que aportarme para explicar lo que siento... Solo se necesita atender a los títulos de las obras de los artistas franceses para embriagarse de ese espíritu y comunicación de la que hablamos: Baudelaire y Las flores del mal, Rimbaud y El barco ebrio o Mallarmé y Un golpe de dados jamás abolirá el azar. ¡Qué hermoso este último y cuánto sentimiento hay detrás!


    UNA CONSTELACIÓN
                                                                     fría de olvido y de desuso  
                                                                                         pero no tanto 
                                                                                                 que no enumere   
                                                                sobre alguna superficie desierta y superior   
                                                                                                el choque   
                                                                                                sideralmente sucesivo   
                                                         en un cálculo total en formación  
  
                         velando   
                                      dudando 
                                                    girando
                                                                 brillando y meditando

                                                                                   antes de detenerse   
                                                                 en algún sitio último que la consagre

                                                                 Todo Pensamiento emite un Golpe de Dados   

Mallarmé, S., Un golpe de dados jamás abolirá el azar


En su Arte Poética Borges afirmó que los libros son tan solo ocasiones para la poesía, despejando toda duda acerca de en qué preciso lugar o momento podemos encontrarnos con la magnificencia de la poesía. En resumen, la poesía es guía de nuestras vidas, nos acompaña siempre hasta en la más inexpresiva cotidianidad. ¿O acaso alguien no se acuerda del verso machadiano "monotonía de lluvia en los cristales"? Incluso el hastío -el infierno según Baudelaire- es objeto y sede de la poesía. Cualquier instante es idóneo para poetizar nuestro alrededor o, más bien, experimentar la poesía del ambiente.

Por su parte, la belleza, que no solo puede ser armoniosa, sino también desordenada, es el fin último que persigue el lenguaje poético. Ni el didactismo ni la crítica social tan presentes en ciertas épocas literarias son el objetivo de la poesía, pues esta es un tesoro valioso en sí misma: lo moralizante y lo crítico se tratan tan solo de intenciones de dicha poesía.

Por ello, a escribir poesía nunca se aprende. Se puede enseñar la técnica, por supuesto, e incluso educar el oído y la pluma para transmitir musicalidad, pero la belleza es imposible ponerla en manos del discípulo. Únicamente se llega a un buen poema plasmando de manera irreal y metafórica una belleza abstracta que anteriormente se ha captado. En mi caso, ando por la senda del saber, ya no del saber escribir, sino del saber emocionarme , aprovechar y exprimir lo hermoso de cada ocasión. Al fin y al cabo, no todos somos capaces de sentir como Stendhal, quien, ante la grandiosidad y perfección de la ciudad italiana de Florencia, cumbre del Renacimiento, falleció. Morir de belleza, ¡qué maravilloso y estúpidamente poético final!

jueves, 17 de julio de 2014

La creación poética (III): La poesía es un arma cargada de futuro.

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,


cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.


Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.


Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.


Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.


Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.


Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.


Hago mías las faltas.  Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.


Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.


Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.


No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.


Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.



Celaya, G. Poesía urgente


sábado, 24 de mayo de 2014

La creación poética (II): Jorge Luis Borges

<< Me gustaría, en principio, avisarles con claridad de lo que cabe esperar -o, mejor, de lo que no han de esperar- de mí. Me doy cuenta de que incluso he cometido un error al titular mi primera conferencia. El título es, si no nos equivocamos, «El enigma de la poesía", y el énfasis recae, evidentemente, en la primera palabra, «enigma". Así que ustedes podrían pensar que el enigma es lo más importante. O, lo que aún sería peor, podrían pensar que me he engañado a mí mismo al creer que, en alguna medida, he descubierto el verdadero sentido del enigma. La verdad es que no tengo ninguna revelación que ofrecer. He pasado la vida leyendo, analizando, escribiendo (o intentándolo) y disfrutando. He descubierto que esto último es lo más importante. Embebido en la poesía, he llegado a una conclusión final sobre el asunto. Es verdad que, cada vez que me he enfrentado a la página en blanco, he sabido que debía volver a descubrir la literatura por mí mismo. Pero de nada me vale el pasado. Así que, como he dicho, sólo puedo ofrecerles mis perplejidades. Tengo cerca de setenta años. He dedicado la mayor parte de mi vida a la literatura, y sólo puedo ofrecerles dudas.

El gran escritor y sonador inglés Thomas de Quincey escribió -en alguna de las miles de páginas de sus catorce volúmenes- que descubrirun problema nuevo era tan importante como descubrir la solución de uno antiguo. Pero yo ni siquiera puedo ofrecerles esto; sólo puedo ofrecerles perplejidades clásicas. Y, sin embargo, ¿por qué tendría que preocuparme? ¿Qué es la historia de la filosofía sino la historia de las perplejidades de los hindúes, los chinos, los griegos, los escolásticos, el obispo Berkeley, Hume, Schopenhauer y otros muchos? Sólo quiero compartir estas perplejidades con ustedes.

Siempre que he hojeado libros de estética, he tenido la incómoda sensación de estar leyendo obras de astrónomos que jamás hubieran mirado a las estrellas. Quiero decir que sus autores escribían sobre poesía como si la poesía fuera un deber, y no lo que es en realidad: una pasión y un placer. Por ejemplo, he leído con mucho respeto el libro de Benedetto Croce sobre estética, y he encontrado la definición de que la poesía y el lenguaje son una «expresión».

Ahora bien, si pensamos en la expresión de algo, desembocamos en el viejo problema de la forma y el contenido; y si no pensamos en la expresión de nada en particular, entonces no llegamos a nada en absoluto. Así que respetuosamente admitimos esa definición, y buscamos algo más. Buscamos la poesía; buscamos la vida. Y la vida está, estoy seguro, hecha de poesía. La poesía no es algo extraño: está acechando, como veremos, a la vuelta de la esquina. Puede surgir ante nosotros en cualquier momento.

Ahora bien, es fácil que incurramos en un error muy común. Pensamos, por ejemplo, que, si estudiamos a Homero, la Divina comedia, Fray Luis de León o Macbeth, estudiamos la poesía. Pero los libros son sólo ocasiones para la poesía. [...]

Por ejemplo, si tengo que definir la poesía y no las tengo todas conmigo, si no me siento demasiado seguro, digo algo como: «poesía es la expresión de la belleza por medio de palabras artísticamente entretejidas». 

Esta definición podría valer para un diccionario o para un libro de texto, pero a nosotros nos parece poco convincente. Hay algo mucho más importante: algo que nos animaría no sólo a seguir ensayando la poesía, sino a disfrutarla y a sentir que lo sabemos todo sobre ella.

Esto significa que sabemos qué es la poesía. Lo sabemos tan bien que no podemos definirla con otras palabras, como somos incapaces de definir el sabor del café, el color rojo o amarillo o el significado de la ira, el amor, el odio, el amanecer, el atardecer o el amor por nuestro país. Estas cosas están tan arraigadas en nosotros que sólo pueden ser expresadas por esos símbolos comunes que compartimos. ¿Y por qué habríamos de necesitar más palabras? [...] >>

Borges, J. L., Arte poética


jueves, 22 de mayo de 2014

La creación poética (I): Gabriel García Márquez. In memoriam.


<< [...] Agradezco a la Academia de Letras de Suecia el que me haya distinguido con un premio que me coloca junto a muchos de quienes orientaron y enriquecieron mis años de lector y de cotidiano celebrante de ese delirio sin apelación que es el oficio de escribir. Sus nombres y sus obras se me presentan hoy como sombras tutelares, pero también como el compromiso, a menudo agobiante, que se adquiere con este honor. Un duro honor que en ellos me pareció de simple justicia, pero que en mí entiendo como una más de esas lecciones con las que suele sorprendernos el destino, y que hacen más evidente nuestra condición de juguetes de un azar indescifrable, cuya única y desoladora recompensa, suelen ser, la mayoría de las veces, la incomprensión y el olvido.

Es por ello apenas natural que me interrogara, allá en ese trasfondo secreto en donde solemos trasegar con las verdades más esenciales que conforman nuestra identidad, cuál ha sido el sustento constante de mi obra, qué pudo haber llamado la atención de una manera tan comprometedora a este tribunal de árbitros tan severos. Confieso sin falsas modestias que no me ha sido fácil encontrar la razón, pero quiero creer que ha sido la misma que yo hubiera deseado. Quiero creer, amigos, que este es, una vez más, un homenaje que se rinde a la poesía. A la poesía por cuya virtud el inventario abrumador de las naves que numeró en su Iliada el viejo Homero está visitado por un viento que las empuja a navegar con su presteza intemporal y alucinada. La poesía que sostiene, en el delgado andamiaje de los tercetos del Dante, toda la fábrica densa y colosal de la Edad Media. La poesía que con tan milagrosa totalidad rescata a nuestra América en las Alturas de Machu Pichu de Pablo Neruda el grande, el más grande, y donde destilan su tristeza milenaria nuestros mejores sueños sin salida. La poesía, en fin, esa energía secreta de la vida cotidiana, que cuece los garbanzos en la cocina, y contagia el amor y repite las imágenes en los espejos.

En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte. El premio que acabo de recibir lo entiendo, con toda humildad, como la consoladora revelación de que mi intento no ha sido en vano. Es por eso que invito a todos ustedes a brindar por lo que un gran poeta de nuestras Américas, Luis Cardoza y Aragón, ha definido como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía.

Muchas gracias. >>

García Márquez, G., Discurso de aceptación del Premio Nobel (1982)