Oxford, 1945
El Puente de los Suspiros se alzó de nuevo ante ella. Allí estaba, pintando, como si de un retorno a sus raíces se tratase. Admiraba aquella estructura que había sido objeto de sus primeras pinturas, aquel puente que, sin duda, simbolizaba su fuente interminable de inspiración. Pensó que el destino la había traído hasta la ciudad inglesa de nuevo, que todo lo ocurrido había sido pactado antes de que sucediera. Ahora, añorando tiempos mejores, su mente establecía una curiosa semejanza entre su vida y una cebolla. Ella, antes joven y vital, conformaba el corazón de dicha hortaliza. Sin embargo, la degradación de su alrededor y su consiguiente experiencia acerca de una existencia nefasta provocaron que ese fuero interno que identificaba a la chica se cubriera de múltiples capas de cebolla. Eso es al fin y al cabo el ciclo vital, el cual consiste en dejar lo originario atrás e ir progresando y evolucionando como ser humano. No obstante, en ciertas ocasiones, conviene dejar de reinventarse y echar un vistazo a las semillas que nos engendraron.
Deseaba finalizar por fin su obra que reflejara el futuro basándose en lo acontecido en el pasado, pero ni siquiera sabía cómo hacerlo. En aquellos últimos años había experimentado un almizcle de sensaciones positivas y negativas que impedían hacer un balance objetivo. La muerte de Sahmuel le había afectado considerablemente, pero el dolor y la amargura por la ausencia del judío habían sido cicatrizados gracias a los besos de Francisco, su español. No podía augurar un futuro que, estaba segura, se constituiría de la más terrible de las desgracias y el más dulce de los sentimientos.
Ante aquella incertidumbre, optó por romper el lienzo y terminar la tarea en otro totalmente en blanco. Antes de trazar una sola línea, prefirió firmar el cuadro. Empleando un trazo claro, escribió su nombre: Alexandra. Se preguntó entonces por qué no le había dicho nunca su nombre real a Francisco. Lo echaba de menos y sabía que no podría encontrarla jamás ya que ni siquiera le había dicho que se llamaba Alexandra.
De todas formas es un nombre -pensó, por el contrario- No por eso me iba a hallar. No por eso nada de lo que ha ocurrido ni va a suceder varía.
Suspiró y, bañando su pincel en una pintura de color grisáceo que yacía en su paleta, perfiló únicamente un signo de interrogación en la mitad del lienzo. Aquel era su futuro, el mañana de todos los seres humanos. Poco más tarde, llegaría la guerra fría, el conflicto árabe-israelí y la ambición de muchos. Sin embargo, aquello sería aderezado con la libertad de multitud de pueblos esclavizados, con la reivindicación de derechos y la igualdad de sexos y quizás, -ojalá así fuera- con el reencuentro de la pintora y Francisco. Nadie sabía que el mañana le traería lágrimas y sonrisas, dolor y pasión, pérdidas y encuentros. Nadie sabría nunca como aquella alemana había revelado en un simple cuadro lo que nos iba a acontecer, una cuestión todavía no respondida. Un retrato que mostraría, seguido de una posible victoria, un futuro y nuevo fracaso humano.
"La comprensión de que la vida es absurda no puede ser un fin, sino un comienzo" -Albert Camus
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martes, 19 de marzo de 2013
martes, 12 de marzo de 2013
Retrato de un futuro fracaso humano; Entrega 19 (y penúltima)
Alemania, 1945
Berlín tenía un aspecto nefasto. Los bombardeos habían devastado la ciudad alemana. No quedaba nada, solamente ruinas de edificios que habían sido testigos del huir y el morir de miles de humanos. Ruinas que relatan la historia de la peor guerra hasta entonces conocida.
La pintora todavía no era consciente de la situación de su país natal, reducido a escombros y cadáveres. Deseaba retratar aquella rabia, impotencia y tristeza que se apoderaba de ella en su pintura, mostrarle al mundo su propia crueldad.
Una crueldad y odio que se materializó un 6 y 9 de agosto de 1945. Un pueblo estadounidense colérico consideró el lanzamiento de unas armas devastadoras de nueva creación para vencer finalmente a la última potencia del Eje que todavía sobrevivía: Japón. El lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki constató cómo el hombre puede crear métodos masivos para acabar con el semejante, sujeto y creador de su destrucción característica.
No obstante, la deshumanización mostrada por los americanos no se materializó únicamente en muertes, sino que las mutilaciones provocadas por los artefactos nucleares fueron uno de los grandes problemas de las víctimas indirectas de esta gran catástrofe. Personas cuyo rumbo en su día a día se tornaría negativamente por una simple cuestión de ineptitud y arrogancia de unas naciones que quisieron proclamarse dueños del resto, sedientos de un vano poder.
Sin embargo, este ataque derivó en la capitulación japonesa y de alguna forma contribuyó al fin del conflicto bélico, el cual data de un 2 de septiembre de 1945. Seis años de guerra incruenta que avistaban un leve destello de luz. Todo aquel holocausto había finalizado.
Una vez llegado el desenlace, era el turno de la pintora quien, empuñando un pincel como si de un arma indestructible y masiva se tratase, se dispuso a dar los últimos retoques a su gran obra, la cual retrocedería a sus orígenes: Oxford. El finiquito de la obra sucedería en su mismísimo punto de partida.
Berlín tenía un aspecto nefasto. Los bombardeos habían devastado la ciudad alemana. No quedaba nada, solamente ruinas de edificios que habían sido testigos del huir y el morir de miles de humanos. Ruinas que relatan la historia de la peor guerra hasta entonces conocida.
Una crueldad y odio que se materializó un 6 y 9 de agosto de 1945. Un pueblo estadounidense colérico consideró el lanzamiento de unas armas devastadoras de nueva creación para vencer finalmente a la última potencia del Eje que todavía sobrevivía: Japón. El lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki constató cómo el hombre puede crear métodos masivos para acabar con el semejante, sujeto y creador de su destrucción característica.
No obstante, la deshumanización mostrada por los americanos no se materializó únicamente en muertes, sino que las mutilaciones provocadas por los artefactos nucleares fueron uno de los grandes problemas de las víctimas indirectas de esta gran catástrofe. Personas cuyo rumbo en su día a día se tornaría negativamente por una simple cuestión de ineptitud y arrogancia de unas naciones que quisieron proclamarse dueños del resto, sedientos de un vano poder.
Sin embargo, este ataque derivó en la capitulación japonesa y de alguna forma contribuyó al fin del conflicto bélico, el cual data de un 2 de septiembre de 1945. Seis años de guerra incruenta que avistaban un leve destello de luz. Todo aquel holocausto había finalizado.
Una vez llegado el desenlace, era el turno de la pintora quien, empuñando un pincel como si de un arma indestructible y masiva se tratase, se dispuso a dar los últimos retoques a su gran obra, la cual retrocedería a sus orígenes: Oxford. El finiquito de la obra sucedería en su mismísimo punto de partida.
martes, 5 de marzo de 2013
Retrato de un futuro fracaso humano: Entrega 18
España, 1945
El ambiente se encontraba realmente frío. El declive de las potencias del Eje se hizo visible desde mediados de la guerra. La victoria de los comunistas sobre los nazis en la batalla de Stalingrado cambió las riendas del conflicto. Los alemanes se agazaparon, retrocedieron fronteras y el fin de la catástrofe se avistaba muy cercano.

Ajenos a toda situación bélica internacional, la pareja disfrutaba de aquellos cálidos momentos juntos como si fueran los últimos. Quizás era algo egoísta por su parte, pero no les importaba nada: millones de muertos, heridos, familias en el umbral de la pobreza. Todo aquello era algo que pretendían ignorar, ya habían sufrido demasiado.
Últimamente se rumoreaba que Mussolini había sido capturado y ejecutado por la resistencia italiana y que Hitler, ante el temor de que le ocurriera lo mismo que al Duce, se suicidó. Allí en España, la censura impedía la entrada de gran cantidad de información acerca de la decadencia de los fascismos y la desaparición de estos en Europa. Quizás Franco también tenía miedo a que el pueblo se sublevara pero este, al contrario que el Führer, no lo hizo. El dictador español permaneció en el poder durante unas décadas más, convirtiéndose en el último régimen totalitario en el continente.
El suicidio de Adolf Hitler, ocurrido el 30 de abril de aquel mismo año, coincidió con la muerte de la abuela italiana de nuestra protagonista. Recibió la pésima noticia y una tarea que se encomendaba a la muchacha: la anciana hizo prometer a su familia que sería enterrada en Alemania, junto a su fallecido marido.
- Debo irme a Alemania - comunicó la pintora a Francisco.
- ¿Volverás? - contestó, esperando con ansia una afirmación.
- Necesito terminar mi obra futurista y, ahora que los asuntos internacionales se han calmado, debo volver a mi lugar natal. Pero puedes venirte, deseo que me acompañes.
Aquello significó una puñalada para el español, que prefiriera retornar antes que pasar su vida junto a él en la Península.
- Lo siento. Mi España, a pesar de su situación actual, sigue siendo mi España - respondió dolido, e irónicamente añadió: - No eres tan importante como para dejar todo atrás. Como ves, pienso igual que tú.
La respuesta fue tan impropia de él que sorprendió a la chica la cual, sin replanteárselo, preguntó sin más:
- ¿Hasta siempre?
- Hasta pronto - sentenció él.
El ambiente se encontraba realmente frío. El declive de las potencias del Eje se hizo visible desde mediados de la guerra. La victoria de los comunistas sobre los nazis en la batalla de Stalingrado cambió las riendas del conflicto. Los alemanes se agazaparon, retrocedieron fronteras y el fin de la catástrofe se avistaba muy cercano.

Ajenos a toda situación bélica internacional, la pareja disfrutaba de aquellos cálidos momentos juntos como si fueran los últimos. Quizás era algo egoísta por su parte, pero no les importaba nada: millones de muertos, heridos, familias en el umbral de la pobreza. Todo aquello era algo que pretendían ignorar, ya habían sufrido demasiado.
Últimamente se rumoreaba que Mussolini había sido capturado y ejecutado por la resistencia italiana y que Hitler, ante el temor de que le ocurriera lo mismo que al Duce, se suicidó. Allí en España, la censura impedía la entrada de gran cantidad de información acerca de la decadencia de los fascismos y la desaparición de estos en Europa. Quizás Franco también tenía miedo a que el pueblo se sublevara pero este, al contrario que el Führer, no lo hizo. El dictador español permaneció en el poder durante unas décadas más, convirtiéndose en el último régimen totalitario en el continente.
El suicidio de Adolf Hitler, ocurrido el 30 de abril de aquel mismo año, coincidió con la muerte de la abuela italiana de nuestra protagonista. Recibió la pésima noticia y una tarea que se encomendaba a la muchacha: la anciana hizo prometer a su familia que sería enterrada en Alemania, junto a su fallecido marido.
- Debo irme a Alemania - comunicó la pintora a Francisco.
- ¿Volverás? - contestó, esperando con ansia una afirmación.
- Necesito terminar mi obra futurista y, ahora que los asuntos internacionales se han calmado, debo volver a mi lugar natal. Pero puedes venirte, deseo que me acompañes.
Aquello significó una puñalada para el español, que prefiriera retornar antes que pasar su vida junto a él en la Península.
- Lo siento. Mi España, a pesar de su situación actual, sigue siendo mi España - respondió dolido, e irónicamente añadió: - No eres tan importante como para dejar todo atrás. Como ves, pienso igual que tú.
La respuesta fue tan impropia de él que sorprendió a la chica la cual, sin replanteárselo, preguntó sin más:
- ¿Hasta siempre?
- Hasta pronto - sentenció él.
martes, 26 de febrero de 2013
Retrato de un futuro fracaso humano: Entrega 17
España, 1940
- ¿Cómo me encontraste antes de que aquellos nazis me acribillaran por proteger al pobre Sahmuel? - preguntó la muchacha.
- Fue realmente increíble, sin duda. - aportó Francisco - En ningún instante supe que estabas en peligro. Tras poder huir de aquella mugrienta cárcel donde me tenían encerrado, solamente pensé en ir a buscarte y, siendo guiado por mi alocado instinto, opté por viajar a Alemania cuyo objetivo era encontrarte. Antes de partir, consulté tu número postal para saber a qué ciudad debía dirigirme, y aprovechando que vivías en un pueblo no muy extenso, desesperadamente me dispuse a inspeccionar calle por calle de aquel lugar. Aunque, sinceramente, no ha sido muy difícil hallarte.
- Si no te conociera, pensaría que esto que me cuentas es una burda farsa. Demasiada casualidad.
- ¡Ay, querida! - suspiró el español - Las casualidades, en ocasiones, existen. Y el azar se presenta en cada esquina, desde la ruleta rusa hasta los encuentros inesperados. Las situaciones azarosas son tan frecuentes que ni siquiera podemos distinguir entre lo corriente y lo novedoso, lo fuera de lo normal. Y sí, afortunadamente, pude salvarte de la muerte, pero únicamente esta vez. Nadie, ni siquiera Dios, puede librarte de partir al otro mundo.
- Lo que me pregunto es cuál es la causa de golpearme en la cabeza si sabías que yo hubiera aceptado inmediatamente la propuesta de fugarme contigo.
- Fue un acto reflejo, lo hice invadido por el pánico. Así, aproveché la ocasión para traerte a España y darte una grata sorpresa. He aquí yo. Delante de tus ojos, y tú delante de los míos. Quizás no te pueda librar de la siniestra sombra del Hades, pero al menos prefiero que mueras en mis brazos.
Aquellos detalles demasiado dulces que siempre había despreciado en cualquier otro hombre, ahora le parecían realmente tiernos y significativos si estas palabras procedían de su amado español. Se entregó a sus brazos y se fundieron en un beso.
- Te amo. Y amaría morir en este preciso instante - dijo la pintora entre beso y beso, a lo que él respondió con una amplia sonrisa.
A su vez, ese beso se fundió en desnudez, y ese nudismo hizo que aquellas dos almas masacradas por la guerra se fundieran en una sola. El amor, único remedio para olvidar -al menos por un segundo- tanto temor, tanto sufrimiento.
- ¿Cómo me encontraste antes de que aquellos nazis me acribillaran por proteger al pobre Sahmuel? - preguntó la muchacha.
- Fue realmente increíble, sin duda. - aportó Francisco - En ningún instante supe que estabas en peligro. Tras poder huir de aquella mugrienta cárcel donde me tenían encerrado, solamente pensé en ir a buscarte y, siendo guiado por mi alocado instinto, opté por viajar a Alemania cuyo objetivo era encontrarte. Antes de partir, consulté tu número postal para saber a qué ciudad debía dirigirme, y aprovechando que vivías en un pueblo no muy extenso, desesperadamente me dispuse a inspeccionar calle por calle de aquel lugar. Aunque, sinceramente, no ha sido muy difícil hallarte.
- Si no te conociera, pensaría que esto que me cuentas es una burda farsa. Demasiada casualidad.
- ¡Ay, querida! - suspiró el español - Las casualidades, en ocasiones, existen. Y el azar se presenta en cada esquina, desde la ruleta rusa hasta los encuentros inesperados. Las situaciones azarosas son tan frecuentes que ni siquiera podemos distinguir entre lo corriente y lo novedoso, lo fuera de lo normal. Y sí, afortunadamente, pude salvarte de la muerte, pero únicamente esta vez. Nadie, ni siquiera Dios, puede librarte de partir al otro mundo.
- Lo que me pregunto es cuál es la causa de golpearme en la cabeza si sabías que yo hubiera aceptado inmediatamente la propuesta de fugarme contigo.
- Fue un acto reflejo, lo hice invadido por el pánico. Así, aproveché la ocasión para traerte a España y darte una grata sorpresa. He aquí yo. Delante de tus ojos, y tú delante de los míos. Quizás no te pueda librar de la siniestra sombra del Hades, pero al menos prefiero que mueras en mis brazos.
Aquellos detalles demasiado dulces que siempre había despreciado en cualquier otro hombre, ahora le parecían realmente tiernos y significativos si estas palabras procedían de su amado español. Se entregó a sus brazos y se fundieron en un beso.
- Te amo. Y amaría morir en este preciso instante - dijo la pintora entre beso y beso, a lo que él respondió con una amplia sonrisa.
A su vez, ese beso se fundió en desnudez, y ese nudismo hizo que aquellas dos almas masacradas por la guerra se fundieran en una sola. El amor, único remedio para olvidar -al menos por un segundo- tanto temor, tanto sufrimiento.
martes, 19 de febrero de 2013
Retrato de un futuro fracaso humano: Entrega 16
Alemania, 1939.
La Noche de los Cristales Rotos supuso el fin de la libertad de Sahmuel. Los nazis se lo llevaron allá donde el sol no nace, allá donde no existe la vida. Junto a muchos otros, fue introducido en el vagón de una locomotora en la cual el espacio para respirar era prácticamente nulo.
Tras un trayecto interminable durante el cual Sahmuel observó el paisaje a través de una ventana recubierta de alambre de espino, llegaron a un recinto repleto de niños y adultos de etnia judía, con pelo rapado y mirada vacía. Parecían trabajar sin descanso y Sahmuel pudo imaginar que su futuro también sería ese.
Abrieron la puerta del compartimento y soldados que empuñaban un arma obligaron agresivamente a los viajantes a bajar del tren y cubrirse por unos ropajes blancos y negros que ellos mismos les ofrecían.
Sahmuel miró al cielo. Nevaba. Era un tanto extraño, estaban en pleno verano y la altitud allí no era demasiado alta. Así llegó a la conclusión que lo que caía no era vapor de agua solidificado. Aquello procedía del humo que emanaba de una chimenea gigante. ¿Qué quemarían? ¿Leña para crear calor? ¿Tal vez carbón? ¿Vestimentas inservibles?
Un dirigente con una esvástica en el brazo dirigió a Sahmuel a aquella chimenea. El judío le preguntó qué trabajo le encomendarían allí y el nacionalsocialista le respondió con una risotada burlesca. Fue ahí cuando el muchacho cayó en la cuenta que no estaba allí para cobrar un empleo.
Uno de los jóvenes que picaban piedra forzadamente se acercó a Sahmuel quien se encontraba perplejo.
- Bienvenido a Auschwitz - dijo con una sonrisa apagada.
No quería ser recibido allí, deseaba escapar. Fue difícil pero logró evitar todos los sistemas de seguridad. Una vez fuera del campo de concentración observó como aquel judío que le había informado sobre el lugar en el que se encontraba, se internaba en la alta torre. El humo se hizo todavía más negro. Sahmuel había conseguido burlar su muerte, pero no por mucho tiempo.
Tras un trayecto interminable durante el cual Sahmuel observó el paisaje a través de una ventana recubierta de alambre de espino, llegaron a un recinto repleto de niños y adultos de etnia judía, con pelo rapado y mirada vacía. Parecían trabajar sin descanso y Sahmuel pudo imaginar que su futuro también sería ese.
Abrieron la puerta del compartimento y soldados que empuñaban un arma obligaron agresivamente a los viajantes a bajar del tren y cubrirse por unos ropajes blancos y negros que ellos mismos les ofrecían.
Sahmuel miró al cielo. Nevaba. Era un tanto extraño, estaban en pleno verano y la altitud allí no era demasiado alta. Así llegó a la conclusión que lo que caía no era vapor de agua solidificado. Aquello procedía del humo que emanaba de una chimenea gigante. ¿Qué quemarían? ¿Leña para crear calor? ¿Tal vez carbón? ¿Vestimentas inservibles?
Un dirigente con una esvástica en el brazo dirigió a Sahmuel a aquella chimenea. El judío le preguntó qué trabajo le encomendarían allí y el nacionalsocialista le respondió con una risotada burlesca. Fue ahí cuando el muchacho cayó en la cuenta que no estaba allí para cobrar un empleo.
Uno de los jóvenes que picaban piedra forzadamente se acercó a Sahmuel quien se encontraba perplejo.
- Bienvenido a Auschwitz - dijo con una sonrisa apagada.
No quería ser recibido allí, deseaba escapar. Fue difícil pero logró evitar todos los sistemas de seguridad. Una vez fuera del campo de concentración observó como aquel judío que le había informado sobre el lugar en el que se encontraba, se internaba en la alta torre. El humo se hizo todavía más negro. Sahmuel había conseguido burlar su muerte, pero no por mucho tiempo.
martes, 12 de febrero de 2013
Retrato de un futuro fracaso humano: Entrega 15
PARTE 3: ÚLTIMOS RETOQUES
España, 1940
La muchacha no cesaba de mirar las pupilas de Francisco. Vacías y sufridoras, pero a la vez enamoradas, le sostenían la mirada. La pintora no podía imaginar cuántas calamidades habría tenido que superar durante aquellos días de pánico. Ni siquiera podía hacerse una idea de lo que tendrían que sufrir los españoles durante el ascenso de esa inclinada cuesta que es la posguerra. Curiosa, se imaginaba cada una de las situaciones horrorosas que había experimentado aquel ser, mientras este las relataba.
- Es agonizante observar como tus seres más queridos se van desplomando en el suelo a causa de una bala injusta dirigida contra ellos. Pero aún es más desastroso si, impotente, no puedes salir de tu escondrijo a impedirlo. Todo por creer en unas absurdas, y ahora inservibles, creencias ideológicas. Por el simple hecho de ser republicanos pusieron en peligro su vida y las de su alrededor que, ya ni siquiera fue una amenaza sino una realidad. Cada uno de mis padres, hermanos, abuelos, derrotados sobre un suelo empapado de un color burdeos. Yo, sin embargo, una vez descubierto por aquellos militares, me rendí. Dejé de lado todo por lo que luchaba, todas las ideas que defendía, para sortear la atenta mirada de la muerte. No sé si hice bien, si soy un cobarde o no, pero en periodos de flaqueza, no te pones de lado de un bando ni de otro, sino de parte de tu efímera vida.
Francisco, resignado, suspiró y, acto seguido, continuó con su historia:
- Fui destinado a la cárcel donde me trataban como a una vulgar marioneta. Me escupían, insultaban, pegaban. Dejaban mi dignidad por los suelos. Incluso me replantee si hubiera sido mejor ser acribillado en honor a mis allegados. No lo sé, estaba muy confuso, y lo sigo estando. Un día, me anunciaron que iba a ser obligado a abandonar este mundo, que con mi terrorismo ideológico había vuelto perversos a mis fieles seguidores, que había causado un mal irreparable en la nación española. En resumidas cuentas, me iban a reducir a un montículo de polvo. No obstante, tal vez un Dios, imaginario e inexistente o quizás real y piadoso, oyó mis plegarias. Sucedió un acto digno de considerar un milagro: si me ponía a merced del excelentísimo general Francisco Franco, mi condena sería perdonada y abolida. Acepté sin más. Pudiese ser que en otro momento me hubiera dado igual perder la vida antes que entregársela a los nacionalistas, pero para entonces ya poseía un sueño que deseaba cumplir: conocerte. Tú eras, eres y, posiblemente, serás mi sueño.
La pintora esbozó una sonrisa bobalicona. Saber que su recuerdo era su único atisbo de luz entre rejas le proporcionaba una máxima gratificación. De repente, cambió su aspecto y se mostró preocupada.
- ¿Cómo pudo haber en ti tanto sufrimiento? Sin duda es desolador. Me pregunto qué fue de Sahmuel aquel 1939... Los nazis lo secuestraron la Noche de los Cristales Rotos y ya no supe nada de él hasta que lo vi el otro día tendido en el suelo, muerto. ¡Cuántas penurias tuvo que pasar allá donde fuera que estuviese!
España, 1940
La muchacha no cesaba de mirar las pupilas de Francisco. Vacías y sufridoras, pero a la vez enamoradas, le sostenían la mirada. La pintora no podía imaginar cuántas calamidades habría tenido que superar durante aquellos días de pánico. Ni siquiera podía hacerse una idea de lo que tendrían que sufrir los españoles durante el ascenso de esa inclinada cuesta que es la posguerra. Curiosa, se imaginaba cada una de las situaciones horrorosas que había experimentado aquel ser, mientras este las relataba.
- Es agonizante observar como tus seres más queridos se van desplomando en el suelo a causa de una bala injusta dirigida contra ellos. Pero aún es más desastroso si, impotente, no puedes salir de tu escondrijo a impedirlo. Todo por creer en unas absurdas, y ahora inservibles, creencias ideológicas. Por el simple hecho de ser republicanos pusieron en peligro su vida y las de su alrededor que, ya ni siquiera fue una amenaza sino una realidad. Cada uno de mis padres, hermanos, abuelos, derrotados sobre un suelo empapado de un color burdeos. Yo, sin embargo, una vez descubierto por aquellos militares, me rendí. Dejé de lado todo por lo que luchaba, todas las ideas que defendía, para sortear la atenta mirada de la muerte. No sé si hice bien, si soy un cobarde o no, pero en periodos de flaqueza, no te pones de lado de un bando ni de otro, sino de parte de tu efímera vida.
Francisco, resignado, suspiró y, acto seguido, continuó con su historia:
- Fui destinado a la cárcel donde me trataban como a una vulgar marioneta. Me escupían, insultaban, pegaban. Dejaban mi dignidad por los suelos. Incluso me replantee si hubiera sido mejor ser acribillado en honor a mis allegados. No lo sé, estaba muy confuso, y lo sigo estando. Un día, me anunciaron que iba a ser obligado a abandonar este mundo, que con mi terrorismo ideológico había vuelto perversos a mis fieles seguidores, que había causado un mal irreparable en la nación española. En resumidas cuentas, me iban a reducir a un montículo de polvo. No obstante, tal vez un Dios, imaginario e inexistente o quizás real y piadoso, oyó mis plegarias. Sucedió un acto digno de considerar un milagro: si me ponía a merced del excelentísimo general Francisco Franco, mi condena sería perdonada y abolida. Acepté sin más. Pudiese ser que en otro momento me hubiera dado igual perder la vida antes que entregársela a los nacionalistas, pero para entonces ya poseía un sueño que deseaba cumplir: conocerte. Tú eras, eres y, posiblemente, serás mi sueño.
La pintora esbozó una sonrisa bobalicona. Saber que su recuerdo era su único atisbo de luz entre rejas le proporcionaba una máxima gratificación. De repente, cambió su aspecto y se mostró preocupada.
- ¿Cómo pudo haber en ti tanto sufrimiento? Sin duda es desolador. Me pregunto qué fue de Sahmuel aquel 1939... Los nazis lo secuestraron la Noche de los Cristales Rotos y ya no supe nada de él hasta que lo vi el otro día tendido en el suelo, muerto. ¡Cuántas penurias tuvo que pasar allá donde fuera que estuviese!
martes, 5 de febrero de 2013
Retrato de un futuro fracaso humano: Entrega 14
Francisco sorprendió a la chica por detrás y la abrazó con dulzura. La pintora estaba embriagada en una de sus pinturas. Representaba un asombroso paisaje que se alzaba frente a ella, una España esperanzadora y con necesidad de renacer.
- Me comentaste por correspondencia que pintaste un cuadro para mí. ¿Podría verlo? -le preguntó el español.
Ella sonrió y le mostró el boceto del que había sido una de sus pinturas cumbre. Le prometió además que, en cuanto retornarán juntos a la ahora irreconocible Alemania, le mostraría el óleo original.
Sosteniendo la porción de papel, el hombre quedó asombrado ante tanta perfección y crítica social. El esquema representaba un planeta autómata y sin espíritu, gobernado por máquinas; pero en primer plano se disponían dos figuras angelicales, con un rostro rudo pero al mismo tiempo enamoradizo. Eran ellos. El amor que existía entre la pareja y un mundo que deterioraba al propio ser humano, hiriéndose a sí mismo. Una elegante y refinada obra futurista con guiños a la belleza estética del Renacimiento.
- Esto sí que es arte... -logró pronunciar, boquiabierto, el chico.
- ¿De veras lo es? - vaciló la pintora.
- ¡Claro que sí! Es lo más hermoso que he visto nunca... - elogió Francisco.
- ¿Y qué es la belleza? ¿Y qué es el arte? Nada más que una percepción, querido. Marcel Duchamp, genio vanguardista, desarrolló el ready-made, y presentó al público un sucio y viejo urinario como una auténtica obra de arte. Y recibió ovaciones. Cualquiera que hubiera tenido semejante ocurrencia habría sido tachado de loco pero él, muy prudente, postuló que el arte es una actitud mental que reside en el espectador. Es decir, cada cual cataloga algo de arte o gamberrismo. Si es una obra maestra solamente lo puede decidir el mismísimo público.
- Pues yo te digo, en calidad de público, que ese lienzo tuyo tiene que ser reconocido mundialmente porque para mí, eso es arte.
- Y, querido Francisco, ¿en qué te basas para afirmar que lo es?
- Me comentaste por correspondencia que pintaste un cuadro para mí. ¿Podría verlo? -le preguntó el español.
Ella sonrió y le mostró el boceto del que había sido una de sus pinturas cumbre. Le prometió además que, en cuanto retornarán juntos a la ahora irreconocible Alemania, le mostraría el óleo original.
Sosteniendo la porción de papel, el hombre quedó asombrado ante tanta perfección y crítica social. El esquema representaba un planeta autómata y sin espíritu, gobernado por máquinas; pero en primer plano se disponían dos figuras angelicales, con un rostro rudo pero al mismo tiempo enamoradizo. Eran ellos. El amor que existía entre la pareja y un mundo que deterioraba al propio ser humano, hiriéndose a sí mismo. Una elegante y refinada obra futurista con guiños a la belleza estética del Renacimiento.
- Esto sí que es arte... -logró pronunciar, boquiabierto, el chico.
- ¿De veras lo es? - vaciló la pintora.
- ¡Claro que sí! Es lo más hermoso que he visto nunca... - elogió Francisco.
- Pues yo te digo, en calidad de público, que ese lienzo tuyo tiene que ser reconocido mundialmente porque para mí, eso es arte.
- Y, querido Francisco, ¿en qué te basas para afirmar que lo es?
martes, 29 de enero de 2013
Retrato de un futuro fracaso humano: Entrega 13
- Esta, amigos, es la llave de una de las magníficas viviendas de Toledo - contestó a la encantadora pareja aquel historiador.
La pintora y su hispano habían acudido a desvelar aquel misterio que colgaba del cuello del pequeño Sahmuel la última vez que la chica lo vio.
- ¿Y por qué un judío residente en Alemania poseía esta llave?
- ¡Oh, querida mía! Todo el planeta está conectado. Al igual que los dos mundos que conocemos: Oriente y Occidente. Los países subdesarrollados y los que, afortunadamente, no sufren un declive, también lo están. Lo que pasa en un extremo, repercute en el otro. España tiene mucha historia e irremediablemente está conectada con otros países que también poseen esta cualidad, como es el caso de Alemania. Los Reyes Católicos, allá por el 1492, plantearon a los judíos una cuestión: o se convertían al cristianismo y daban la espalda a sus sinagogas o deberían abandonar la península, o como estos denominaban, Sefarad.
- Estás en lo cierto - añadió Francisco - El mundo, en resumidas cuentas, es una bomba. En múltiples ocasiones admiramos, sin mover un solo dedo, como la mecha se prende en la zona opuesta a nosotros, a sabiendas de que si algún día explota, todos sufriremos las consecuencias del estallido.
La joven artista le hizo entrega al anciano de la llave. Él la aferró con toda la fuerza que le proporcionaba su mano repleta de arrugas y marcadas venas. El historiador, natal de la capital de Castilla La Vieja, hizo la promesa de acudir a Toledo y así conmemorar la memoria de Sahmuel. Tal vez, la muchacha no vengaría su muerte, ya que no podía luchar contra un régimen completo, pero sí podría cerrar un círculo de tradición antisemita. Quizás, nadie de su familia volviera a pisar aquella casa toledana pero, al menos, aquella estirpe judía obligada a abandonar su pueblo a raíz de la xenofobia de unos cuantos seres injustos, podría reposar de nuevo en aquel que fue su primer y único hogar.
La pintora y su hispano habían acudido a desvelar aquel misterio que colgaba del cuello del pequeño Sahmuel la última vez que la chica lo vio.
- ¿Y por qué un judío residente en Alemania poseía esta llave?
- ¡Oh, querida mía! Todo el planeta está conectado. Al igual que los dos mundos que conocemos: Oriente y Occidente. Los países subdesarrollados y los que, afortunadamente, no sufren un declive, también lo están. Lo que pasa en un extremo, repercute en el otro. España tiene mucha historia e irremediablemente está conectada con otros países que también poseen esta cualidad, como es el caso de Alemania. Los Reyes Católicos, allá por el 1492, plantearon a los judíos una cuestión: o se convertían al cristianismo y daban la espalda a sus sinagogas o deberían abandonar la península, o como estos denominaban, Sefarad.
- Estás en lo cierto - añadió Francisco - El mundo, en resumidas cuentas, es una bomba. En múltiples ocasiones admiramos, sin mover un solo dedo, como la mecha se prende en la zona opuesta a nosotros, a sabiendas de que si algún día explota, todos sufriremos las consecuencias del estallido.
La joven artista le hizo entrega al anciano de la llave. Él la aferró con toda la fuerza que le proporcionaba su mano repleta de arrugas y marcadas venas. El historiador, natal de la capital de Castilla La Vieja, hizo la promesa de acudir a Toledo y así conmemorar la memoria de Sahmuel. Tal vez, la muchacha no vengaría su muerte, ya que no podía luchar contra un régimen completo, pero sí podría cerrar un círculo de tradición antisemita. Quizás, nadie de su familia volviera a pisar aquella casa toledana pero, al menos, aquella estirpe judía obligada a abandonar su pueblo a raíz de la xenofobia de unos cuantos seres injustos, podría reposar de nuevo en aquel que fue su primer y único hogar.
martes, 22 de enero de 2013
Retrato de un futuro fracaso humano: Entrega 12
Aquella imagen era tan difusa... ¿Fantasía o realidad? Tenía delante al hombre de su vida y no sabía qué hacer para amarrarlo y no dejarlo partir nunca. Aun sin conocer si aquella perfecta imagen era fruto de su imaginación, se aproximó a sus carnosos labios. Y lo sintió.
Un beso voraz y pasional, a la par que tierno y dulce, le hizo caer en la cuenta de que aquel sueño era tangible, completamente real. Una búsqueda tan ardua como ineficaz daba sus frutos en el presente. Su español, aquel del que se había enamorado a pesar de no conocerlo en persona, la acompañaba, le había devuelto el beso, la sostenía de la mano mientras de su boca exhalaba palabras de dulzura infinita.
- ¿Dónde estamos? -logró pronunciar, aturdida, la pintora.
- Estás en mi país. Un país devastado y que ha sufrido el hambre, la penuria y la desilusión que conlleva una guerra. Un país que, inevitablemente, rejuvenece al poder contar con tu presencia. Bienvenida a España, bienvenida a mí.
La joven sonrió. Sonaba tan poético, tan surrealista... Demasiado ornamental, siempre había sido una chica independiente y había detestado ese tipo de romanticismo desenfrenado. No obstante, la ocasión podía hacer una excepción en ella.
- Una pregunta indiscreta, señorito X. ¿Cuál es tu nombre real? -preguntó, curiosa.
- Francisco. Me llamo Francisco. ¿Y el tuyo?
Una muestra de picardía se hizo visible en el rostro de la muchacha.
-Para ti, señorita Y.
Un beso voraz y pasional, a la par que tierno y dulce, le hizo caer en la cuenta de que aquel sueño era tangible, completamente real. Una búsqueda tan ardua como ineficaz daba sus frutos en el presente. Su español, aquel del que se había enamorado a pesar de no conocerlo en persona, la acompañaba, le había devuelto el beso, la sostenía de la mano mientras de su boca exhalaba palabras de dulzura infinita.
- ¿Dónde estamos? -logró pronunciar, aturdida, la pintora.
- Estás en mi país. Un país devastado y que ha sufrido el hambre, la penuria y la desilusión que conlleva una guerra. Un país que, inevitablemente, rejuvenece al poder contar con tu presencia. Bienvenida a España, bienvenida a mí.
La joven sonrió. Sonaba tan poético, tan surrealista... Demasiado ornamental, siempre había sido una chica independiente y había detestado ese tipo de romanticismo desenfrenado. No obstante, la ocasión podía hacer una excepción en ella.
- Una pregunta indiscreta, señorito X. ¿Cuál es tu nombre real? -preguntó, curiosa.
- Francisco. Me llamo Francisco. ¿Y el tuyo?
Una muestra de picardía se hizo visible en el rostro de la muchacha.
-Para ti, señorita Y.
martes, 15 de enero de 2013
Retrato de un futuro fracaso humano. Entrega 11
La joven había sido atizada con gran potencia y la inconsciencia se apoderó de ella. No pudo estar presente cuando aquel misterioso desconocido la transportó hasta su deteriorada furgoneta. No cayó en la cuenta de que recorrió muchos kilómetros, traspasando fronteras. No pudo presenciar cómo, tras interminables horas de viaje, llegaba a un país en el cual la situación era tan nefasta como en su Alemania natal.
El sueño tergiversó su realidad. Imaginó seres monstruosos, hadas de cuentos, lagos tan profundos como la garganta de aquel gallo que siempre cacarea al amanecer. Como si de una pintura surrealista del gran Dalí se tratase, perfiló formas inimaginables, situaciones confusas. La vida es sueño, dijo Calderón de la Barca, y ella todavía no sabía si aquello que rondaba por su mente era un mundo real invadido por la locura y el sinsentido o nada más que un sueño despierto.
Se hizo la luz al fondo del túnel. No sabía si aquello significaba su súbita muerte o el destello de un futuro esperanzador. Sin pensarlo dos veces y arriesgándose a perder, corrió hacia ese atisbo de calidez rodeado de un frío negror. Alargó la mano y rozó aquella silueta de tacto ardiente semejante al propio fuego. De esta forma, volvió en sí y pudo observar el destello de la sonrisa de su querido español. Aquellas ojeras perfiladas por el conflicto bélico que tan bien describía en sus epístolas habían sido sustituidos por juventud y luminosidad. Era tan hermoso...
Se perfiló en ella una sonrisa bobalicona. Aquel sueño era tan maravilloso que no quería despertar, en el caso de que aquello fuera fruto de su mente. Era demasiado perfecto para ser cierto. Tal vez la imaginación le gastara una broma pesada o, quizás, el abstracto de la vida le proporcionara una nueva oportunidad para ser feliz. Al fin y al cabo, ¿cómo podemos distinguir entre fantasía y realidad si nuestro mundo peca de surrealismo?
El sueño tergiversó su realidad. Imaginó seres monstruosos, hadas de cuentos, lagos tan profundos como la garganta de aquel gallo que siempre cacarea al amanecer. Como si de una pintura surrealista del gran Dalí se tratase, perfiló formas inimaginables, situaciones confusas. La vida es sueño, dijo Calderón de la Barca, y ella todavía no sabía si aquello que rondaba por su mente era un mundo real invadido por la locura y el sinsentido o nada más que un sueño despierto.
Se hizo la luz al fondo del túnel. No sabía si aquello significaba su súbita muerte o el destello de un futuro esperanzador. Sin pensarlo dos veces y arriesgándose a perder, corrió hacia ese atisbo de calidez rodeado de un frío negror. Alargó la mano y rozó aquella silueta de tacto ardiente semejante al propio fuego. De esta forma, volvió en sí y pudo observar el destello de la sonrisa de su querido español. Aquellas ojeras perfiladas por el conflicto bélico que tan bien describía en sus epístolas habían sido sustituidos por juventud y luminosidad. Era tan hermoso...
Se perfiló en ella una sonrisa bobalicona. Aquel sueño era tan maravilloso que no quería despertar, en el caso de que aquello fuera fruto de su mente. Era demasiado perfecto para ser cierto. Tal vez la imaginación le gastara una broma pesada o, quizás, el abstracto de la vida le proporcionara una nueva oportunidad para ser feliz. Al fin y al cabo, ¿cómo podemos distinguir entre fantasía y realidad si nuestro mundo peca de surrealismo?
lunes, 7 de enero de 2013
Retrato de un futuro fracaso humano: Entrega 10
Vio a Sahmuel a lo lejos. El reencuentro que tanto esperaba la llenó de esa absurda y bobalicona felicidad que sienten quienes esperan su sueño sentados. Una estampa que enmarcaría como uno de sus mejores recuerdos camuflados en aquella grisácea niebla de conflicto bélico. Reencontrarse con su aprendiz, Sahmuel, iba a ser un acontecimiento a celebrar.
Aceleró su marcha con esperanza de conseguir abrazar mucho antes a su querido judío. No obstante, esa esperanza se desvaneció por muy veloz que corriese al avistar a un individuo con un arma apuntando a la sien del joven. Trató de advertir al muchacho de aquello tan impactante e inesperado que estaba presenciando con el fin de salvarle la vida. Sin embargo, el desconocido fue mucho más hábil y preciso en sus actos.
La joven pintora comenzó a correr rápidamente, como si todavía pudiese hacer algo para impedir aquel desastre que, al doblar la esquina vería materializado. Ese color borgoña que tanto empleaba en sus cuadros brotaba de la cabeza de Sahmuel. No respondía. Tal vez estuviese solamente inconsciente. No obstante, eso no fue así. Palpó con la yema de sus dedos el cuello del judío para comprobar si su corazón todavía latía, pero este ya había cesado. Una lágrima brotó de sus derrotadas pupilas al mismo tiempo que alzaba su voz con sinceridad: ¡Maldigo a este puto régimen y al cabrón que lidera todo este holocausto!.
Creía que estaba sola, por eso se desahogó gritando a los cuatro vientos semejante falta de respeto a su gobierno. Sin embargo, emergiendo de la oscuridad más absoluta, hicieron acto de presencia tres soldados que lucían una esvástica en su uniforme. Estos, con mirada de perros sarnosos con deseos de hincar el diente a una presa fácil, la apuntaban con sus armas de fuego.
Haciendo caso omiso a su inmediato futuro que se auguraba bajo tierra, cayó en la cuenta de una llave que colgaba sobre el cuello de Sahmuel. Se la arrancó y leyó una inscripción grabada sobre el frío material con el que había sido forjada: Toledo.
En ese mismo instante, alguien disparó a los dirigentes nazis, alguien que se situaba detrás de la joven. No podía creer lo que había ocurrido, se encontraba atónita. Quiso entonces darse la vuelta para mirar fijamente los ojos de su salvador. Quiso pero no pudo, porque aquel extraño ser que había entrado a escena para evitar su muerte, la golpeaba ahora en la cabeza con una áspera estaca de madera.
Aceleró su marcha con esperanza de conseguir abrazar mucho antes a su querido judío. No obstante, esa esperanza se desvaneció por muy veloz que corriese al avistar a un individuo con un arma apuntando a la sien del joven. Trató de advertir al muchacho de aquello tan impactante e inesperado que estaba presenciando con el fin de salvarle la vida. Sin embargo, el desconocido fue mucho más hábil y preciso en sus actos.
La joven pintora comenzó a correr rápidamente, como si todavía pudiese hacer algo para impedir aquel desastre que, al doblar la esquina vería materializado. Ese color borgoña que tanto empleaba en sus cuadros brotaba de la cabeza de Sahmuel. No respondía. Tal vez estuviese solamente inconsciente. No obstante, eso no fue así. Palpó con la yema de sus dedos el cuello del judío para comprobar si su corazón todavía latía, pero este ya había cesado. Una lágrima brotó de sus derrotadas pupilas al mismo tiempo que alzaba su voz con sinceridad: ¡Maldigo a este puto régimen y al cabrón que lidera todo este holocausto!.
Creía que estaba sola, por eso se desahogó gritando a los cuatro vientos semejante falta de respeto a su gobierno. Sin embargo, emergiendo de la oscuridad más absoluta, hicieron acto de presencia tres soldados que lucían una esvástica en su uniforme. Estos, con mirada de perros sarnosos con deseos de hincar el diente a una presa fácil, la apuntaban con sus armas de fuego.
Haciendo caso omiso a su inmediato futuro que se auguraba bajo tierra, cayó en la cuenta de una llave que colgaba sobre el cuello de Sahmuel. Se la arrancó y leyó una inscripción grabada sobre el frío material con el que había sido forjada: Toledo.
En ese mismo instante, alguien disparó a los dirigentes nazis, alguien que se situaba detrás de la joven. No podía creer lo que había ocurrido, se encontraba atónita. Quiso entonces darse la vuelta para mirar fijamente los ojos de su salvador. Quiso pero no pudo, porque aquel extraño ser que había entrado a escena para evitar su muerte, la golpeaba ahora en la cabeza con una áspera estaca de madera.
lunes, 17 de diciembre de 2012
Retrato de un futuro fracaso humano: Entrega 9
Instantáneamente esbozó el recuerdo de su querido español. Hacía casi un año que no recibía ninguna de sus poéticas epístolas. ¿Qué sería de él? Un sentimiento de celos la embargó: seguro que había encontrado a otra chica que lo hiciera más feliz. Eso sería, se habría olvidado completamente de ella, aquella guerra civil habría terminado y viviría junto a una mujer de curvas vertiginosas.
No obstante, la realidad no se asemejaba ni levemente a la visión de la joven. Sí, aquel conflicto interno había finalizado pero todavía quedaba la mayor de las miserias: una ardua posguerra. Miles de muertos, persecuciones, desnutrición, cartillas de racionamiento. Sin embargo, su español era ajeno a tales desgracias. Encerrado en una celda sin más luz que una rendija, sin más alimento que los insectos, sin más líquido que unas goteras situadas en el techo; su espíritu republicano se apagaba, a la vez que se ensombrecía su efímera juventud. Solo por creer y luchar por sus ideales fue destinado a morir entre oxidados barrotes de hierro.
La pintora, durante el camino hasta la sinagoga donde se reuniría con Sahmuel, rememoró a su único amor a través de cada una de las cartas que él había enviado. Se maldijo a sí misma por haber dudado del eterno afecto que el español le había prometido y es que, tal vez, se encontrara en apuros, quizás la guerra lo había arrastrado sin dejar rastro alguno.
Emergiendo de sus pensamientos, vio a Sahmuel a lo lejos, al final de la avenida, saludando con una amplia sonrisa. La joven incrementó el ritmo de su marcha. Deseaba estrecharlo entre sus brazos, lo había echado mucho de menos durante aquel año. Por fin, en cuestión de segundos, lo abrazaría con todas las fuerzas que le proporcionara su abatido cuerpo. Segundos que se alargarían, se harían eternos. Alguien sorprendió al pequeño Sahmuel por detrás, apuntándole con un arma a la sien. Segundos interminables que nunca transcurrirían, porque el tiempo para el judío ya había finalizado.
lunes, 10 de diciembre de 2012
Retrato de un futuro fracaso humano: Entrega 8
Cerrados a cal y canto se encontraban los cuadros más íntimos e impactantes que nunca nadie había admirado. Esto se debía a que nadie conocía a la creadora. Nuestra protagonista no tenía casi amigos y, los pocos que le quedaban la guerra los había distanciado, ensombrecido con sus horrores.
Solo un inanimado armario, a través de aquellas fieras pinturas, fue testigo durante aquellos años de la tristeza, la amargura y la soledad que traía consigo un desastre de tal magnitud. Utilizando carboncillo retrataba sombras, túneles eternos, almas vagando por lúgubres avenidas.
El negro era su único recurso. Inspiradora obra, quizás fuente de artistas como Goya. Pinceladas de un color rojo burdeos, en ocasiones vivaz, otras tenebroso y sombrío; representaban cada lágrima derramada por inocentes individuos.
Aquellos días de tonos azulados y verde juventud habían desaparecido dejando un rastro de vejez prematura. Solo hacía un año desde que las tropas hitlerianas habían decidido dominar un mundo ahora cruel y taciturno, pero el ambiente ya había embriagado de sufrimiento hasta el más recóndito resquicio del día a día.
La pintora pedía a gritos una buena noticia, por lo menos neutral, que le proporcionara una mínima razón por la que introducir un poco de color a su obra futurista. Quería reflejar en su lienzo un futuro que, a pesar de las injusticias, presentara alguna leve sonrisa por la que luchar. Lo que no sabía es que, un día, esa razón haría acto de presencia en su vida a través de una breve pero concisa epístola:
<< Hoy, a las 6 en la puerta de la sinagoga que tanto frecuentaba antes. Te he recordado cada día desde aquella terrible fecha. Y, a pesar de haber sido constantemente perseguido, estoy vivo, Dios mío, estoy vivo.
Solo un inanimado armario, a través de aquellas fieras pinturas, fue testigo durante aquellos años de la tristeza, la amargura y la soledad que traía consigo un desastre de tal magnitud. Utilizando carboncillo retrataba sombras, túneles eternos, almas vagando por lúgubres avenidas.
El negro era su único recurso. Inspiradora obra, quizás fuente de artistas como Goya. Pinceladas de un color rojo burdeos, en ocasiones vivaz, otras tenebroso y sombrío; representaban cada lágrima derramada por inocentes individuos.
Aquellos días de tonos azulados y verde juventud habían desaparecido dejando un rastro de vejez prematura. Solo hacía un año desde que las tropas hitlerianas habían decidido dominar un mundo ahora cruel y taciturno, pero el ambiente ya había embriagado de sufrimiento hasta el más recóndito resquicio del día a día.
La pintora pedía a gritos una buena noticia, por lo menos neutral, que le proporcionara una mínima razón por la que introducir un poco de color a su obra futurista. Quería reflejar en su lienzo un futuro que, a pesar de las injusticias, presentara alguna leve sonrisa por la que luchar. Lo que no sabía es que, un día, esa razón haría acto de presencia en su vida a través de una breve pero concisa epístola:
<< Hoy, a las 6 en la puerta de la sinagoga que tanto frecuentaba antes. Te he recordado cada día desde aquella terrible fecha. Y, a pesar de haber sido constantemente perseguido, estoy vivo, Dios mío, estoy vivo.
Sahmuel >>
lunes, 3 de diciembre de 2012
Retrato de un futuro fracaso humano: Entrega 7
PARTE 2: GRANDES RASGOS
Alemania, 1940
1939 fue un año duro. La pintora derramó más lágrimas durante aquellos doce meses que a lo largo de toda su vida, sobre un lienzo donde predominaban colores cálidos, verdes esperanzadores. Estos tonos alegres habían sido emborronados por el llanto y sustituidos, más tarde, por una gama oscura compuesta por el negror de los peores presagios.
Decían que la Gran Guerra había quedado atrás, pero esa afirmación era absolutamente falsa. El deseo de venganza de su patria, la alemana, había atacado con fuerza sobre una Europa, ahora vacía de ilusiones. Decían que la Gran Guerra había quedado atrás, pero sabios como aquella artista fueron los primeros en bautizar tal desastre como la Segunda Guerra Mundial, el mayor holocausto que la humanidad nunca antes había presenciado.
Aquel día de 1940 era el aniversario de un evento desolador: la partida de Sahmuel. No obstante, la muchacha no se atrevería a catalogar de muerte aquel extraño suceso. Dijeron que habían acabado con la vida del joven judío, pero ella tenía razones para sospechar que lo tenían en uno de esos recintos de los que últimamente se había oído hablar: los campos de concentración.
La pintora camina, reflexiva y decaída, pensando también en su amado español, en Sahmuel, en el fallecimiento de la cultura, el ascenso de los fascismos, el derroche de dinero en material bélico, las vidas humanas ya marchitadas, las margaritas ya deshojadas. Margaritas como las de ese ramo, a las cuales arrancaba los pétalos: "Acabará pronto, finalizará tarde, acabará pronto, finalizará tarde,..." Así, depositó aquel último resquicio de primavera en el interior de un otoñal ataúd vacío, que nada simbolizaba al pequeño Sahmuel. Sin duda, el 1939 había sido un periodo de lo más arduo que, desafortunadamente, se vería obligada a rememorar.
Alemania, 1940
1939 fue un año duro. La pintora derramó más lágrimas durante aquellos doce meses que a lo largo de toda su vida, sobre un lienzo donde predominaban colores cálidos, verdes esperanzadores. Estos tonos alegres habían sido emborronados por el llanto y sustituidos, más tarde, por una gama oscura compuesta por el negror de los peores presagios.
Decían que la Gran Guerra había quedado atrás, pero esa afirmación era absolutamente falsa. El deseo de venganza de su patria, la alemana, había atacado con fuerza sobre una Europa, ahora vacía de ilusiones. Decían que la Gran Guerra había quedado atrás, pero sabios como aquella artista fueron los primeros en bautizar tal desastre como la Segunda Guerra Mundial, el mayor holocausto que la humanidad nunca antes había presenciado.
La pintora camina, reflexiva y decaída, pensando también en su amado español, en Sahmuel, en el fallecimiento de la cultura, el ascenso de los fascismos, el derroche de dinero en material bélico, las vidas humanas ya marchitadas, las margaritas ya deshojadas. Margaritas como las de ese ramo, a las cuales arrancaba los pétalos: "Acabará pronto, finalizará tarde, acabará pronto, finalizará tarde,..." Así, depositó aquel último resquicio de primavera en el interior de un otoñal ataúd vacío, que nada simbolizaba al pequeño Sahmuel. Sin duda, el 1939 había sido un periodo de lo más arduo que, desafortunadamente, se vería obligada a rememorar.
lunes, 26 de noviembre de 2012
Retrato de un futuro fracaso humano: Entrega 6
Sahmuel había sido testigo de toda aquella masacre. Ocultado tras una sombría esquina, observó cada uno de los movimientos de los fascistas. Impotencia. No sabía qué hacer: ¿aparecer triunfalmente y ser acribillado en el acto? Era una locura, y había disfrutado tan poco de una vida que durante aquellos instantes se desmoronaba...
Vio, reproducido en su cerebro a cámara lenta, vidrios atravesados por una bala metálica que provocaron un tremendo estruendo, al mismo tiempo que su corazón se hacía añicos. Órgano sensible, hasta el punto de ser tan frágil como el transparente cristal. Ojalá él fuera transparente y, heroico, pudiera hacer frente a aquellos dirigentes nazis sin ser reconocido.
Todavía quería vivir y, cobarde, continuó en su escondrijo. Sangre derramada, su propia sangre. Era tan duro tener que presenciar aquella nefasta escena. Sin embargo, en ese instante maduró. Ser consciente de que la muerte acecha en cualquier momento, hasta al más débil, le hizo crecer como persona. Hoy habían sido sus padres, pero quizás, mañana, el señor de la calavera podría rondar su alféizar. Lo que Sahmuel no sabía es que aquella visita no se aplazaría mucho más tiempo. Unos años más tarde, su vida asistiría a su desenlace, poniendo un punto y final a tan efímera y mísera existencia.
Vio, reproducido en su cerebro a cámara lenta, vidrios atravesados por una bala metálica que provocaron un tremendo estruendo, al mismo tiempo que su corazón se hacía añicos. Órgano sensible, hasta el punto de ser tan frágil como el transparente cristal. Ojalá él fuera transparente y, heroico, pudiera hacer frente a aquellos dirigentes nazis sin ser reconocido.
Todavía quería vivir y, cobarde, continuó en su escondrijo. Sangre derramada, su propia sangre. Era tan duro tener que presenciar aquella nefasta escena. Sin embargo, en ese instante maduró. Ser consciente de que la muerte acecha en cualquier momento, hasta al más débil, le hizo crecer como persona. Hoy habían sido sus padres, pero quizás, mañana, el señor de la calavera podría rondar su alféizar. Lo que Sahmuel no sabía es que aquella visita no se aplazaría mucho más tiempo. Unos años más tarde, su vida asistiría a su desenlace, poniendo un punto y final a tan efímera y mísera existencia.
lunes, 19 de noviembre de 2012
Retrato de un futuro fracaso humano: Entrega 5
No sólo pintaba emotivos cuadros, sino que también compartía sus conocimientos artísticos con todo tipo de público interesado en ellos. Desde hacía unos años, en sus ratos libres y, para conseguir aquel dinero que no le proporcionaba la pintura callejera, daba clases particulares sobre Arte a adolescentes e incluso a adultos.
Cuando terminó la carrera, cruzó los dedos para que su destino no estuviera ligado a la enseñanza. No quería convertirse en una vulgar profesora que diera cuatro lecciones de arte, sin sentirlas ni pintarlas, a algún que otro niño multimillonario y mimado. No deseaba que su salida profesional fuera la más corriente de todas ellas, sino que quería destacar y ser reconocida como artista, no como una desconocida a ojos del mañana.
Sin embargo, su opinión había sido desechada al conocer a un alumno increíble y aplicado. Sahmuel, de trece años de edad, era un joven encantador. Cuando le pidió escribir su nombre en un papel arrugado, cayó en la cuenta de su etnia. Una hache en aquel topónimo sólo podía significar que era judío. Sahmuel, avergonzado tras el descubrimiento de la chica, bajó la cabeza y pidió con lágrimas en los ojos que no le contara a nadie de dónde procedía. No obstante, a ella no le importaba lo más mínimo. Era tan alemán, tan educado e inteligente como cualquier otro ciudadano. Hasta sus rasgos podían decirse que no delataban su origen.
De todas formas, no era a la pintora a quien le tenía que importar aquello, sino al gobierno que regía sobre una Alemania irreconocible. La libertad había sido sustituida por esvásticas que hacían referencia a un poderoso Führer. Una ideología basada en el predominio de la raza aria producía el pánico de miles de residentes. En los últimos meses, se perseguían especialmente a los judíos, blanco de la ira de Adolf Hitler.
Tras retornar de su amada Italia, la pintora concertó otra cita con Sahmuel para impartir, como usualmente hacía, sus clases de Arte. Aquella lección estaba dedicada al Barroco y, a pesar de que el adolescente sentía gran admiración hacia Velázquez, se encontraba un tanto preocupado y desconfiado ante su inhabitable alrededor. La joven le preguntó acerca de su comportamiento, y Sahmuel, a regañadientes, relató cómo su familia estaba siendo perseguida por hombres con insignias fascistas que actuaban en nombre de su líder. Afortunadamente, sus padres habían podido refugiarse dentro del almacén de su comercio, que se asentaba a solamente unas calles de allí.
La licenciada, compadeciéndose, prestó la más sincera ayuda a su alumno. Le explicó que no tenía por qué preocuparse, que todo saldría a pedir de boca. No obstante, ni siquiera ella lo tenía claro. No sabía hasta qué punto podían mostrar su crueldad aquellos dirigentes nazis. Por lo tanto, decidió interrumpir la clase y obligarlo a volver a la tienda con sus familiares antes de que anocheciera.
Minutos más tarde, aquel mandato le remordería la conciencia. Tan sólo instantes después de la despedida de Sahmuel, se sucedieron una serie de sonidos que jamás olvidaría. Vidrio. Grito infantil. Disparo. Silencio sepulcral. Llanto entrecortado.
Entornó los ojos, condolida. Aquella tragedia quedaría escrita en la historia como "La Noche de los Cristales", una madrugada durante la cual judíos, comercios y sinagogas fueron devastados a grito de Sieg Heil!
lunes, 12 de noviembre de 2012
Retrato de un futuro fracaso humano: Entrega 4
<<Querida,
Aquí me hallo, escondido en un sótano sin más luz que la de tus ojos, sin más hidratación que tu saliva. Ocultado en un escondrijo con el miedo de que estos endebles muros se hundan, de que aquellos hombres de uniforme me descubran. Te preguntarás de qué hablo. Hace dos años, cuando la alegría invadía nuestros corazones republicanos, un general, Francisco Franco, dio un golpe de Estado. Fue el 17 de julio más negro de la historia de España, porque fue ese día el comienzo de nuestra persecución. Me buscan sólo por defender lo que creía, por tener unos ideales, por pecar de libertad.
Es una pena, ni siquiera me acuerdo de cuáles eran mis creencias. Supongo que, a estas alturas, no puedo confiar en nada ni albergar mínima esperanza. Me duele, mucho, que observes como aquel joven de mirada vital que conociste hace un lustro por correspondencia, se desvanezca en estos instantes. Quizás lo mejor sería rechazar mi razón por la de un colectivo y, así, poder mantener la vida. Ahora, mi principal meta es verte y no creo que llegue a conseguirla si continuo yendo a contracorriente.
Y es, en medio de una soledad que embriaga este húmedo cuarto, cuando me doy cuenta que nada en la vida es demasiado importante como para luchar si tu existencia depende de ello. Lo único que deseo es dejarme caer en tus brazos, seques mis lágrimas, me consueles y me mientas convenciéndome de que todo irá bien.
Una guerra civil que se antoja interminable. Tal vez cuando acabe ya estaré muerto, pero como una pequeña llama que alumbra hasta la más recóndita oscuridad, guardo una remota esperanza. Anhelo todo lo anterior a este horror, anhelo escribirte epístolas cada mes y hablarte acerca de mi tan maravilloso día a día. Solamente puedo confesar que, al menos, todavía te conservo a ti. A ti y a nuestro afecto incondicional. Espero que pronto, algún día, podamos vernos y afirmar juntos que, hasta en el más nefasto de los casos, termina triunfando el amor.
Te quiere,
X >>
Lloraba desconsoladamente, apretando con fiereza aquella carta contra su pecho. No podía creer que el único hombre al que había amado, a pesar de no conocerlo personalmente, estuviera en peligro. Sin embargo, extrañamente, era feliz. Tenía absoluto convencimiento de que, en escaso tiempo, él la visitaría y todo sería perfecto.
Preocupada pero a la vez eufórica, colocó un lienzo sobre su caballete de madera, escogió unos colores de gama cálida y comenzó a sentir. Sintió amor, pasión y esperanza hacia aquel español. Emociones retratadas en una pintura optimista que, sin duda, le entregaría tan pronto como fuera posible.
Aquí me hallo, escondido en un sótano sin más luz que la de tus ojos, sin más hidratación que tu saliva. Ocultado en un escondrijo con el miedo de que estos endebles muros se hundan, de que aquellos hombres de uniforme me descubran. Te preguntarás de qué hablo. Hace dos años, cuando la alegría invadía nuestros corazones republicanos, un general, Francisco Franco, dio un golpe de Estado. Fue el 17 de julio más negro de la historia de España, porque fue ese día el comienzo de nuestra persecución. Me buscan sólo por defender lo que creía, por tener unos ideales, por pecar de libertad.
Es una pena, ni siquiera me acuerdo de cuáles eran mis creencias. Supongo que, a estas alturas, no puedo confiar en nada ni albergar mínima esperanza. Me duele, mucho, que observes como aquel joven de mirada vital que conociste hace un lustro por correspondencia, se desvanezca en estos instantes. Quizás lo mejor sería rechazar mi razón por la de un colectivo y, así, poder mantener la vida. Ahora, mi principal meta es verte y no creo que llegue a conseguirla si continuo yendo a contracorriente.
Y es, en medio de una soledad que embriaga este húmedo cuarto, cuando me doy cuenta que nada en la vida es demasiado importante como para luchar si tu existencia depende de ello. Lo único que deseo es dejarme caer en tus brazos, seques mis lágrimas, me consueles y me mientas convenciéndome de que todo irá bien.
Una guerra civil que se antoja interminable. Tal vez cuando acabe ya estaré muerto, pero como una pequeña llama que alumbra hasta la más recóndita oscuridad, guardo una remota esperanza. Anhelo todo lo anterior a este horror, anhelo escribirte epístolas cada mes y hablarte acerca de mi tan maravilloso día a día. Solamente puedo confesar que, al menos, todavía te conservo a ti. A ti y a nuestro afecto incondicional. Espero que pronto, algún día, podamos vernos y afirmar juntos que, hasta en el más nefasto de los casos, termina triunfando el amor.
Te quiere,
X >>
Lloraba desconsoladamente, apretando con fiereza aquella carta contra su pecho. No podía creer que el único hombre al que había amado, a pesar de no conocerlo personalmente, estuviera en peligro. Sin embargo, extrañamente, era feliz. Tenía absoluto convencimiento de que, en escaso tiempo, él la visitaría y todo sería perfecto.
Preocupada pero a la vez eufórica, colocó un lienzo sobre su caballete de madera, escogió unos colores de gama cálida y comenzó a sentir. Sintió amor, pasión y esperanza hacia aquel español. Emociones retratadas en una pintura optimista que, sin duda, le entregaría tan pronto como fuera posible.
lunes, 5 de noviembre de 2012
Retrato de un futuro fracaso humano: Entrega 3
Roma, 1938
Hacía tiempo que deseaba realizar aquel viaje. Todo aquel efectivo que había conseguido gracias a los cuadros con los que deleitó a los transeúntes ingleses, le proporcionó lo suficiente para poder viajar hasta la Bella Italia que, desgraciadamente, últimamente no lo era tanto.
Todavía recordaba aquellos calurosos veranos de su infancia junto a su abuela materna. Ragazza la llamaba, mientras le ofrecía un generoso plato de pasta y le describía las obras del magnífico Da Vinci. Aquella anciana le acercó al mundo del auténtico arte, el Renacimiento Italiano. Quizás algunos vieran a Miguel Ángel como una falta de pudor pero, para ella, a pesar de su corta edad, era tan hermoso...
No obstante, en cuanto retornó a la bota de Europa, apreció que aquellos indicios del renacer que tuvo lugar en el siglo XV habían desaparecido completamente. No quedaba nada de literatura, desapareció Petrarca. No había rastro de pintura, se esfumó el trazo de Botticelli. Desafortunadamente todo lo plagaba una ideología.
Si la educación y la cultura son universales, ¿por qué politizarlas? Una obra fascista que defiende unos ideales impuestos por el Duce no puede ser considerado como arte. La calidad podría ser muy alta, pero pecaba de ausencia de libertad, de opinión. Un autor debe reflejar en su trabajo la rabia e impotencia hacia un mundo que jamás comprenderá. Plasmar un punto de vista personal y no el de un colectivo es la clave del éxito. En cuanto a ella, su posición era firme y, a pesar de ir a contracorriente, retrataría todo aquello que quisiera denunciar, a sabiendas de las consiguientes arduas represalias.
Como habitualmente hacía, compró un periódico. En la portada aparecía Mussolini en un discurso donde exponía promesas que jamás llegaría a cumplir. Hasta los periódicos eran controlados por los fascistas.
Impotente, arrojó aquella sarta de mentiras a la basura. En cambio, decidió evadirse de aquella nefasta realidad ojeando uno de sus libros de arte preferidos. Abrió al azar una página. El nacimiento de Venus, de Botticelli. Una lágrima recorrió su mejilla. La diosa que nació gracias a la cúspide del saber y la creatividad, desfallecía aquellos días. Un año más tarde, la marea que trazaba el pintor en un segundo plano arrastraría a la divinidad de la belleza: la Segunda Guerra Mundial comenzaría y, con ella, se haría la oscuridad.
Hacía tiempo que deseaba realizar aquel viaje. Todo aquel efectivo que había conseguido gracias a los cuadros con los que deleitó a los transeúntes ingleses, le proporcionó lo suficiente para poder viajar hasta la Bella Italia que, desgraciadamente, últimamente no lo era tanto.
Todavía recordaba aquellos calurosos veranos de su infancia junto a su abuela materna. Ragazza la llamaba, mientras le ofrecía un generoso plato de pasta y le describía las obras del magnífico Da Vinci. Aquella anciana le acercó al mundo del auténtico arte, el Renacimiento Italiano. Quizás algunos vieran a Miguel Ángel como una falta de pudor pero, para ella, a pesar de su corta edad, era tan hermoso...
No obstante, en cuanto retornó a la bota de Europa, apreció que aquellos indicios del renacer que tuvo lugar en el siglo XV habían desaparecido completamente. No quedaba nada de literatura, desapareció Petrarca. No había rastro de pintura, se esfumó el trazo de Botticelli. Desafortunadamente todo lo plagaba una ideología.
Si la educación y la cultura son universales, ¿por qué politizarlas? Una obra fascista que defiende unos ideales impuestos por el Duce no puede ser considerado como arte. La calidad podría ser muy alta, pero pecaba de ausencia de libertad, de opinión. Un autor debe reflejar en su trabajo la rabia e impotencia hacia un mundo que jamás comprenderá. Plasmar un punto de vista personal y no el de un colectivo es la clave del éxito. En cuanto a ella, su posición era firme y, a pesar de ir a contracorriente, retrataría todo aquello que quisiera denunciar, a sabiendas de las consiguientes arduas represalias.
Como habitualmente hacía, compró un periódico. En la portada aparecía Mussolini en un discurso donde exponía promesas que jamás llegaría a cumplir. Hasta los periódicos eran controlados por los fascistas.
Impotente, arrojó aquella sarta de mentiras a la basura. En cambio, decidió evadirse de aquella nefasta realidad ojeando uno de sus libros de arte preferidos. Abrió al azar una página. El nacimiento de Venus, de Botticelli. Una lágrima recorrió su mejilla. La diosa que nació gracias a la cúspide del saber y la creatividad, desfallecía aquellos días. Un año más tarde, la marea que trazaba el pintor en un segundo plano arrastraría a la divinidad de la belleza: la Segunda Guerra Mundial comenzaría y, con ella, se haría la oscuridad.
lunes, 29 de octubre de 2012
Retrato de un futuro fracaso humano: Entrega 2
Tras dibujar al óleo su cuadragésima pintura en la cual retrataba aquella hermosa perspectiva del Puente de los Suspiros, valoró la idea de evolucionar, de crear algo más propio e íntimo, no un simple boceto que le proporcionaba su calderilla semanal.
Joven de veinticinco años y de origen alemán; antes de mudarse a Oxford, residía en su país natal, en el cual estudió Artes. A pesar de derramar tanto sudor y sangre, esto no le proporcionó grandes frutos. Aunque ya se habían reconocido muchos derechos a las mujeres, aún existían prejuicios y desigualdad en el ámbito profesional que, seguramente, permanecerían aún durante muchos años. Todos los artistas reconocidos eran varones, tanto en pintura como en literatura.
Influida por el realismo del gran Velázquez, quería llegar a poseer tanto reconocimiento como éste, pero sabía que debido a su condición nunca lo conseguiría. Incansable, probaría con otro método: el futurismo, vanguardia que descubrió hace unos años. Por supuesto, no era tan destacable como el surrealismo del increíble Dalí; pero ella creía que sería un importante paso en su carrera. Retrataría un futuro incierto en un lienzo, aunque esto le llevara muchos años de esfuerzo.
Un importante paso en su carrera, he dicho, si aquello se pudiera considerar un éxito. Todos los días, muchos transeúntes la miraban con desprecio. Una mujer vagabunda, lo último que faltaba. Juzgaban únicamente su apariencia, no su magnífica calidad artística. Por eso, poca gente adquiría sus obras, sólo mujeres y algunos hombres tolerantes.
"Adolf Hitler asciende al poder". Todos los días leía las noticias internacionales en el periódico para tener noticias sobre su Alemania, aquella que añoraba tanto. Pero aquel día de enero de 1933, al leer ese titular, el sentimiento de melancolía fue sustituido por un escalofrío. Dicen que las mujeres tienen intuición, pues en aquella ocasión este sexto sentido le decía que algo no iba del todo bien. Seis años más tarde, sus peores pesadillas se verían hechas realidad.
Joven de veinticinco años y de origen alemán; antes de mudarse a Oxford, residía en su país natal, en el cual estudió Artes. A pesar de derramar tanto sudor y sangre, esto no le proporcionó grandes frutos. Aunque ya se habían reconocido muchos derechos a las mujeres, aún existían prejuicios y desigualdad en el ámbito profesional que, seguramente, permanecerían aún durante muchos años. Todos los artistas reconocidos eran varones, tanto en pintura como en literatura.
Influida por el realismo del gran Velázquez, quería llegar a poseer tanto reconocimiento como éste, pero sabía que debido a su condición nunca lo conseguiría. Incansable, probaría con otro método: el futurismo, vanguardia que descubrió hace unos años. Por supuesto, no era tan destacable como el surrealismo del increíble Dalí; pero ella creía que sería un importante paso en su carrera. Retrataría un futuro incierto en un lienzo, aunque esto le llevara muchos años de esfuerzo.
Un importante paso en su carrera, he dicho, si aquello se pudiera considerar un éxito. Todos los días, muchos transeúntes la miraban con desprecio. Una mujer vagabunda, lo último que faltaba. Juzgaban únicamente su apariencia, no su magnífica calidad artística. Por eso, poca gente adquiría sus obras, sólo mujeres y algunos hombres tolerantes.
"Adolf Hitler asciende al poder". Todos los días leía las noticias internacionales en el periódico para tener noticias sobre su Alemania, aquella que añoraba tanto. Pero aquel día de enero de 1933, al leer ese titular, el sentimiento de melancolía fue sustituido por un escalofrío. Dicen que las mujeres tienen intuición, pues en aquella ocasión este sexto sentido le decía que algo no iba del todo bien. Seis años más tarde, sus peores pesadillas se verían hechas realidad.
lunes, 22 de octubre de 2012
Retrato de un futuro fracaso humano: Entrega 1
PARTE 1: PRIMERAS PINCELADAS
Oxford, 1938.
La noche sumerge en una interminable oscuridad a la ciudad inglesa de Oxford. La tenue luz eléctrica de las farolas alumbra lo suficiente para avistar una completa ausencia de viandantes en aquella zona.
Oxford, 1938.
Muy lejos, se oyen unos pasos que, conforme transcurren los minutos, son más estridentes. Junto a su lienzo, una joven pintora, de cabello negro como la fría noche y ojos verde esmeralda, se dispone en aquella avenida vacía de colores, almas y sonidos.
Permanece allí durante horas, en un completo silencio, y dirigiendo la mirada hacia un cielo ausente el cual arde en deseos de que la luz se haga.
Amanece y el horizonte se cubre de una gris neblina. La muchacha continúa en la misma posición, quieta y con los labios sellados.
De repente, un haz de luz traspasa un firmamento encapotado de nubes. Irremediablemente, la avenida se ilumina y comienza el matutino alboroto a causa del tránsito de cientos de ciudadanos.
Haciendo uso de su lápiz de grafito, la mujer se inicia en su obra. Una obra que reflejará la situación del momento y la de años venideros. Una obra que nunca verá la luz debido al negror de sucesos futuros, sucesos horribles a raíz de un tremendo fracaso humano. Una obra que presenciará el sufrimiento y las injusticias de un nefasto porvenir, y que será iniciada y finalizada en ese mismo lugar. Al frente, el Puente de los Suspiros de Oxford, fuente de inspiración de múltiples artistas callejeros.
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