Dos años de reinvención

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sábado, 13 de diciembre de 2014

Diario de un universitario (II): (Triste) Pensamiento colectivo sobre la educación

Sí, estoy harto de oír que el sistema educativo español es una basura, de que me recuerden que cualquier finlandés me supera en inteligencia y de que me repitan sin cesar que estoy a la cola en educación entre una larga lista de países según un estudio muy fiable y objetivo. Ya sé que soy un ceporro, que no valgo para nada y que mi futuro es completamente negro. Vamos, si yo tuviera que elegir entre un español y un no-español para un cargo público, elegiría sin dudarlo al primero. Ni de lejos el de mi país va a estar tan preparado ni va a ser tan eficiente ni tan listo como el extranjero.

De hecho, no sé para qué estudio. ¿Qué más dará mis esfuerzos si el sistema no funciona? Muchos conocimientos inútiles, poca aplicación en la vida real. ¿Cómo voy a encontrar empleo? Señores, que no sé cómo funciona la vida, que yo solo te sé decir un listado de obras de Lope de Vega y recitarte la tabla periódica de principio a fin. Pero no me pida nada más, oiga, que de ahí no paso, que mi educación no me ha dado la oportunidad de saber más. La culpa es del Gobierno, del sistema educativo y de España; yo me desentiendo. Hasta donde yo sé (poco, vamos) no es mi fallo, no tengo nada que ver en este embrollo.

Además, queridos amigos, esto no es cosa de dos días. A España poco le ha interesado la formación de los ciudadanos. En nuestro país nunca ha habido nadie importante. Bueno, Cervantes, pero ese era un fiera. Y Picasso también, pero lo del Guernica fue gracias a que había entonces una guerra, que si no nada de nada. Científicos, ¡ni uno que destaque! Vale, está Ramón y Cajal, pero pocos más. Lo que iba diciendo: que en nuestro país no ha habido nunca nadie relevante, ni yo tampoco lo seré porque de educación no se han preocupado los altos cargos. Si no están pendientes ellos, ¿lo voy a estar yo? Obviamente no. Ese tema no me concierne.

La estructura educativa es mi límite. No me pidas que yo busque una manera de explotar mi talento. Mi responsabilidad es solo beber de lo que la educación me da. Yo no tengo por qué ir buscando o actuando. ¡Faltaría más! Que mis conocimientos y habilidades vengan a mí a través del ministro de turno, paso de complicarme la vida. Yo he venido aquí solo para quejarme de que mi sistema educativo no me ofrece nada y que yo no puedo crecer si no es gracias a él.

¿Leer? Lo que me manden: si no conozco el Quijote culpa mía no es. ¿Hablar en un idioma extranjero? ¡Si en inglés nos dan mucha gramática y poca expresión oral! No hay manera de que los españoles nos comuniquemos en inglés ¿Adoptar un espíritu crítico? Ni mi sistema educativo me lo ofrece ni tampoco lo necesito. U-TI-LI-DAD: más saberes prácticos y menos abstracciones filosóficas. La reflexión no me va a dar de comer.

Lo que decía: una bazofia de país. Aquí no hay nadie, ningún talento universitario, que valga la pena. Ni dos perras gordas daría por gente con una formación tan deficiente como la nuestra. Me da igual que se hayan buscado las mañas para explotar su valor. Lo que queda fuera del sistema educativo no cuenta. Es tan solo pura anécdota.

Fdo. Una colectividad que no cree en los jóvenes que no se autolimitan y que buscan complicarse, a pesar de las adversidades, aún más la vida.


La muerte de Sócrates, Jacques-Louis David

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